Cada día cuando me levanto en las mañanas o me acuesto en las noches, miro la ciudad afuera de mi ventana. Yo vivo en Madrid en el octavo piso de un apartamento cerca del palacio real, pero por el otro lado del río que corre por el lado izquierdo del centro de la ciudad. La vista más bonita y preciosa es la de la catedral y el palacio, lado a lado. Yo puedo experimentar el momento de la puesta de sol, que refleja en los edificios magníficos, llenos de historia. Y cuando las luces están encendidas, me siento si estuviera en un mundo de fantasía.
La vista de los edificios grandes no es la única cosa que veo de mi cuarto. También veo gente andando tras el puente de Segovia, el más antiguo de los puentes de Madrid. Hay familias, parejas, solteros, bebés, perritos, y niños, juntos con el tráfico de una ciudad muy grande y cosmopolitana. Pero mientras las vidas diarias de los madrileños, ha sido un proyecto grandísimo por los lados del río que ha tenido lugar desde mi llegado aquí en Madrid. Se ha puesto árboles, tierra, celas, y unas veces se ha parado el río, dejando vacío el río. La razón que digo estas cosas es describir que la ciudad no sólo tiene bares y tiendas museos, Sino que enfrente de nuestros ojos hay historia, arquitectura antigua, vida, y obras de progreso, todo en el mismo lugar. Sí, es claro que hay construcción y progreso y vidas normales en nuestras ciudades en nuestro país, pero debemos aprovechar esta oportunidad única ver la conservación de la historia de España que se puede ver en Madrid. Aunque hay unos pocos días que nos quedan aquí, vale la pena daros cuenta que está enfrente de vuestros ojos.
Liz Christenbury