domingo, 24 de enero de 2010

Aunque tenga pinta de “cateta” La Curruca capirotada (Sylvia atricapilla) no es tonta

Esta curruca se ha adaptado a una dieta variada para garantizar el sustento alimenticio durante todo el año. Una gran población es sedentaria y pasa con nosotros incluso el invierno, aún siendo un ave puramente migratoria. También, otra gran masa nos visita procedente del resto europeo en busca de temperaturas más suaves.
En época reproductora su alimentación principal está basada en insectos y larvas, especialmente en el periodo de cebar a sus crías. El resto del año, especialmente en otoño e invierno, su predicción son las semillas, las bayas o pequeños frutos blandos y carnosos. Tampoco le desagrada la hierba, aunque no es un pájaro típico del suelo, es más, raramente se le ve en él, siendo sus pasos a saltitos cortos.
La capirotada puede considerarse un ave común en toda Europa, pudiéndose encontrar en cualquier zona arbolada, en los páramos, sotos e incluso en los parques y jardines de las ciudades (especialmente en época invernal). En Huesca está presente durante todo el año, criando a lo largo de todo el Pirineo y puntos del valle del Ebro. Se encuentra hasta los 1.600 metros de altitud.
Construye su nido en un lugar umbrío y a baja altura. Es frágil, hecho de hierbas secas y tapizadas de fibras y pelos. La hembra es la que normalmente lo construye y ambos padres incuban durante unos 15 días a sus 4-5 huevos profundamente moteados de pardo y gris.
La Curruca capirotada está dentro de las aves consideradas cantoras, siendo sus notas aflautadas acabadas en tonos altos y claros. El reclamo es un “tac” sonoro y repetitivo y su canto un gorjeo sonoro, copioso y en tonos ascendentes. En las islas británicas es conocido como “el ruiseñor norteño”.
Las fotos diferencian con claridad a los dos sexos, siendo el macho el del capirote o “boina” negro brillante y la de la hembra de color rojiza lumbrosa. En ambos casos, el resto del cuerpo es de tonalidades apagadas, tirando a grisáceas, en la hembra la tonalidad es un poco más parduzca. Es la única curruca que no posee blanco en la cola.
Esta gran curruca de unos 14 cm de longitud ha pasado y pasa muy desapercibida, lo que no nos ha dejado gran cosa dentro de los mitos y leyendas populares. Siendo lo más destacado su utilización en la preparación de determinados brebajes de brujería. Es de suponer que por su aspecto de color apagado, por ser comedor de frutos negruzcos como el sauco, aligustre, moras (frutos=heces oscuras) y por ser asiduo visitante de cepos, siendo por lo tanto fáciles de coger para ellas.
Para terminar se deja una secuencia de imágenes correspondiente a la delicada forma con la que extrae el fruto de un árbol.