martes, 19 de abril de 2011

Grito desesperado en Costa de Marfil


Desesperados. Así se encuentran los misioneros salesianos de la localidad marfileña de Duékoué. Cada día ven impotentes como muere una persona sin que puedan hacer nada por salvar su vida, debido a lasmalas condiciones higiénicas.

"Más de 30.000 personas se hacinan en la misión cuando como máximo podrían estar 8.000 personas de pie", explica con angustia el director de la misión salesiana Santa Teresa del Niño Jesús, Vicente Grupeli.

A la falta de alimentos se unen las malas condiciones higiénicas y losproblemas de seguridad. "No hay comida, la gente duerme en el suelo, no tienen donde cobijarse, faltan letrinas y duchas, no tenemos tampoco agua potable", explica este padre salesiano.

"Ya no saben qué hacer, están atados de pies y manos. Les han dado su arroz y barritas energéticas a los más pequeños", explica Lorenzo Herrero, responsable de prensa de Misiones Salesianas.

Por eso hacen un llamamiento a los organismos internacionales para que lleven ayuda a los refugiados marfileños y para que se cree un campo de refugiados que reúna las condiciones mínimas de higiene.
Sin retorno a la normalidad

Un llamamiento compartido por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) que este lunes ha pedido también tres millones de euros a la comunidad internacional para llevar ayuda a los agricultores en Costa de Marfil ante el comienzo de la estación de siembra, informa Europa Press.

Pese a la caída del ex presidente Laurent Gbagbo, la situación en Costa de Marfil está lejos de normalizarse. "Sería ingenuo pensar que los refugiados van a volver a sus casas inmediatamente", matiza el padre Grupeli. Muchos no tienen un hogar donde volver y tendrán que "seguir viviendo en la misión varios meses más", añade.

La seguridad también sigue siendo una asignatura pendiente. El miedo se ha convertido en un compañero inseparable para muchos de estos refugiados que siguen siendo sometidos a controles por parte de las fuerzas del presidente Alassane Outtara en los que se les pregunta por la etnia a la que pertenecen.

"Nuestro trabajo ahora debe ser principalmente social. Tenemos que volcar nuestros esfuerzos en recuperar la convivencia pacífica y solidaria"., concluye esperanzado el padre Grupeli.