domingo, 12 de junio de 2011

CUANDO LOS MAYORES SON PEORES


El niño de la foto se llama Gavin Chapman, tiene nueve años y le encanta visitar a su abuela, que vive en Lanarkshire (Reino Unido). Y probablemente los padres de Gavin pensaban que con la abuelita iba a estar seguro, lejos de los peligros de las grandes ciudades, jugando a sus anchas en el bosque cercano.
Por supuesto, se equivocaban.

Resulta que el chico salió a dar una vuelta y se apareció con ese artefacto que tiene entre sus manos: una bomba de la Segunda Guerra Mundial.

Evidentemente, abuelas eran las de antes. Porque Helen, que así se llama la (pedazo de anormal) abuela de Gavin, no se hizo mucho problema por el hallazgo, pese a darse cuenta de lo que era. Llamó a un hijo que vive con ella y el tipo (otro tarado mayúsculo) vio lo que tenía su sobrino entre manos y corrió....a buscar la cámara para sacar unas fotos (una de las cuales es la imagen de este post).

Pese a todo, juntando la media neurona de la abuela con la media neurona del tío, parece que los dos "adultos responsables" llegaron a la conclusión de que quizás la bomba fuese peligrosa. Entonces se les ocurrió enterrarla en el jardín de la casa. De modo que el tío tomó una pala y puso manos a la obra para hacer un pozo.

Es probable que alguno de los vecinos encontrase un poco inquietante la idea de ver a un adulto cavando y un niño sosteniendo una bomba a su lado, porque enseguida apareció la Policía.
Los uniformados llamaron al ejército, que procedió a evacuar a todo el mundo en un radio de doscientos metros y tardó unas dos horas en examinar y neutralizar el artefacto.

Cuando todo terminó, los policías hablaron con Gavin y le explicaron que, la próxima vez, es mejor dejar la bomba donde la encuentre y llamar de inmediato a la Policía.
Y por lo bajo le deben haber dicho que no confíe demasiado ni en la abuelita ni en el tío (un par de casos perdidos).