sábado, 18 de junio de 2011

EL TERRORISTA SADOMASOQUISTA


Imaginen que un día cualquiera se asoman a la ventana de su casa y lo primero que ven es un tipo con máscara de gas y un mameluco, sufriendo lo que parece ser una espantosa agonía entre los árboles.
Por mi parte, supongo que me pegaría un susto mayúsculo.

Y lo mismo le debe haber pasado a los ciudadanos de la tranquila localidad alemana de Gunzburg, cuando vieron a un sujeto así rodar por la nieve de aquí para allá hasta quedar quietito, tipo cadáver. Lo primero que pensaron fue en un ataque terrorista con armas químicas o biológicas, en particular con toxinas tan potentes que aún el terrorista con máscara antigas estaba siendo afectado.

De ahí a  llamar a la Policía sólo hay un paso. Y la Policía llamó al ejército, que movilizó a las fuerzas especiales, que llegaron en helicóptero con la idea de enfrentarse a un escenario digno de "Resident Evil".

Pero la cosa no era para tanto. Los soldados ubicaron  en un santiamén al terrorista suicida, que no resultó ser ni lo uno ni lo otro y estaba perfectamente de salud. Apenas lo interrogaron, el tipo declaró muy suelto de cuerpo que todo no pasaba de ser una fantasía sexual que le había ordenado efectuar su "dominatrix".


"Sobre gustos no hay nada escrito", habrán pensado los oficiales una vez que revisaron concienzudamente al tipo y no le encontraron nada peligroso (salvo una peligrosa falta de autocrítica).

De todas formas lo detuvieron por las dudas y fue llevado ante un juez, que no encontró nada por lo cual procesarlo, dado que no se habian infringido leyes.
La información no aclara si el juez consideró necesario interrogar en profundidad a la señorita involucrada, de la cual partió la idea.