domingo, 31 de julio de 2011

Una alegría: Búhos reales (Bubo bubo)... una incontenible tristeza: muere Ferrata a los dos años

Sin duda “hay que saber disfrutar de los momentos buenos” ya que la vida da mil vueltas y por desgracia los períodos malos empañan demasiado las maravillas pasadas.
Esta entrada puede ser un claro ejemplo, la muerte de mí querida Ferrata casi hace olvidar los imborrables minutos que disfruté con esta pequeña familia de Búhos reales (Bubo bubo):
Fue una noche larga, sin tan apenas dormir… quizás no debía tener la conciencia tranquila o el cuerpo ya estaba ansioso por adentrarse en medio de la naturaleza después de una semana de asfalto. El cuerpo no dudaba que le tocaba un "natural" madrugón.
Cuando todavía las tinieblas de la noche tenían más poder que el incipiente clarear del día intuí, en la punta de un gran roquero, el dibujo de una borrosa silueta, más parecida a la de un hombre sentado que a cualquier otro animal.
Me senté esperando que el día tomara más fuerza. La solitaria silueta se convirtió en dos con la llegada de otro “torpón” volador que se le paró justo a su lado. Ambas siluetas fueron tomando perfil y color a medida que los minutos pasaban.
Estos primeros momentos del alba me regalaron una de las experiencias más gratificantes que recuerdo. Estas torpes volanderas “saltaron”, más que volaron, hasta otro saliente amplio donde poder resguardar sus preciosos ojos rojizos de los primeros rayos del sol.
Vino volando una tercera cría, aterrizando encima de uno de sus hermanos, dando muestras de la torpeza en estos primeros aleteos. Después de la normal reprimenda de su “tato” los tres quedaron dormitando hasta que uno se fue “pasito a pasito” hasta un pequeño agujero, al cual siguieron sus hermanos como si de una procesión se tratara. Ya los dejé tranquilos al intuir que su día de “juerga” ya había terminado.
A escasos metros de este saliente se descubrió el agujero que cobijaba el nido paternal, las grandes orejas de uno de los padres sobresalían del interior, no se inmutó mientras estuve por la zona y deduje que también tenía la misión de hacer de “tapón” a sus crías para que se fueran buscando la vida por sí mismas.
15 días después volví por la zona y ya sólo vi a uno de los adultos, por lo que no cabía la menor duda que los “pollos” ya habían volado del lugar.
Las fotos de estos conejos fueron tomadas por las cercanías de esta peculiar familia. No hay la menor duda que el conejo es un buen indicador de la riqueza de la zona y parecen que ambas especies van de la mano. Cuanto mayor es el número de conejos mayor es el número de búhos de una zona.
En frente del roquero, donde estaba el nido y se ejercitaban las crías, apareció esta curiosa despensa. Presidiendo la entrada circular entre la maleza había unas cuantas egagrópias y pequeños restos óseos. Fue sorprendente detectar en el interior la pata de un inmóvil conejo, al arrastrarla al exterior la sorpresa fue mayúscula al salir al descubierto lo que en la foto se ve. La carne todavía estaba templada y nada rígida, la sangre se empezaba a secar pero mantenía una viscosidad fluida, lo que indicaba que había sido presa de esa misma noche o en el crepúsculo del día anterior.

La foto de las egagrópilas y los huesecillos es una pequeña muestra de los restos que había caído de la roca.
El búho real (Bubo bubo):
Es la mayor de las rapaces nocturnas, siendo las hembras de un cuerpo mucho más corpulento que el de los machos. No cabe duda que la mejor época para descubrir su presencia en una zona es a finales de febrero o principios de marzo, justo cuando empieza su peculiar canturreo “ulular” para el apareamiento conyugal. En este periodo (febrero-abril) pondrán de 2 a 4 huevos blancos, que incubará la hembra de manera ejemplar durante unos 35 días. El macho se encargará de llevarle la comida y de depositar las sobras en lugares cercanos para el posterior consumo (despensas). Después de 9 semanas de cuidado de los pequeños éstos realizaran sus primeros vuelos.
Su alimentación está basada en pequeños mamíferos, lagartos, topos, grandes ratas, aves e incluso se ha llegado a constatar algún pequeño cervatillos. Repasando algunos datos también me ha sorprendido leer que han encontrado restos de otros búhos más pequeños en las exploraciones de las egagrópilas.
Las egagrópilas son grandes, llegando en algunos casos hasta los 150 mm de longitud y 40 mm de diámetro.
El otro protagonista, el conejo (Oryctologus cuniculus):
Es muy conocido y común en España, a pesar que la enfermedad de la mixomatosis, llegada desde tierras Francesas, ha hecho mermar muchísimo su población, llegando a la extinción en muchos territorios.
El conejo es de un tamaño mediano, su cuerpo y cabeza miden unos 45 cm, teniendo unas grandes orejas y unas amplias plantas en los pies traseros que le posibilitan unos largos saltos y un rápido desplazamiento.
Ferrata en el recuerdo... Otra dolorosa muerte, otra triste pérdida

"Le pedí al Señor ser fuerte
y me dió dificultades"

Sin duda los quebrantahuesos que tenemos surcando el cielo tienen que ser fuertes fuertes por las mil dificultades que padecen...