
Casi una semana antes de viajar a Madrid, decidí mirar la ciudad desde la perspectiva de un pájaro—o, más específicamente, un satélite. Abrí el programa “Google Earth” en mi ordenador y busqué mi apartamento y los sitios históricos de la ciudad. Cuando entré la dirección de CEU y el programa me llevó a verla, vi algo interesante muy cerca de la universidad. En un parque público que también tenía campos de futbol, una piscina y una pista, vi búnkers, greens y banderas. ¿Un campo de golf? No pude creer mi suerte.
Como no traje mis palos de golf a España, cuando llegué a Madrid, uno de mis primeros objetivos fue encontrar un lugar en que podría comprar unos palos para golpear bolas de práctica. Fui al norte de la ciudad—muy cerca de la Puerta de Europa—a una pequeña tienda de golf y compré un hierro 7 y un putter. Cuando el dueño de la tienda vio a lo que había escogido, estuvo tan sorprendido que decidió darme un hierro 9 gratis como “especialidad de la casa.” Inmediatamente fui al parque Canal Isabel II para probar mis compras nuevas.
Ya es diciembre, y ha empezado a hacer frio, pero más temprano, cuando el tiempo era mejor, pasé muchas horas practicando al golf en el parque, con amigos y a veces sólo. Además, he conocido a muchas personas en el campo de práctica—madrileños, estadounidenses, y un banquero rico de Portugal—y por eso he mejorado mi español al mismo tiempo. El golf ha sido mi deporte favorito desde mi niñez, y todavía me encanta el deporte. Me alegre que haya tenido la oportunidad de practicarlo aquí en Madrid.
- Charlie Ogburn


