sábado, 20 de febrero de 2010

¿Quedan menos de 3.500 tiburones blancos?



Publica el Telegraph las impactantes palabras del científico Ronald O'Dor, jefe del Census of Marine Life: "Los científicos teníamos la impresión de que la especie del tiburón blanco (carcharodon carcharias) estaba en peligro, pero debido a que se producían avistamientos en puntos de de todo el planeta, no pensábamos que estaban tan al límite".

Cuenta O'Dor que recientemente se reunió con equipos de los que se dedican al marcado y estudio de tiburones blancos, y que ellos le trasmitieron el hecho de que los tiburones que se avistaban en distintos lugares eran a menudo los mismos ejemplares, que recorrían grandes distancias. Y esto le hizo darse cuenta de que el número de ejemplares que quedaban podía ser similar al dato recientemente divulgado acerca de la población de tigres: alrededor de 3.500 ejemplares.

Reivindica Ronald O'Dor, muy acertadamente, el derecho de los tiburones blancos a existir, porque a pesar de que muchas gente piense que "son malos porque comen personas", son una especie maravillosa y "debemos darles un poco de espacio para que puedan vivir".

viernes, 19 de febrero de 2010

Un mirón en el baño de las aves

Las aves necesitan “bañarse” frecuentemente para mantener el plumaje sano. De la misma manera que nosotros lo necesitamos para prevenir enfermedades y tener una piel lo suficientemente saludable para realizar nuestras funciones prioritarias en el día a día.
A pesar de lo que se pueda pensar, en las aves, el plumaje no sólo les sirve para volar, si no que además les sirve para mantener una temperatura corporal adecuada y para proteger su piel de los rayos ultravioletas que irradia el sol.
Dicho todo esto, resulta claro qué, un plumaje en malas condiciones ocasionaría al pájaro un continúo empeoramiento de su salud. Sin contar con un estado visual lamentable, del que obtendría un rechazo seguro por parte del sexo contrario y le imposibilitaría una unión parental.
Casi la gran mayoría de las aves disfrutan con el baño, en los que no es extraño verlos cantorrutear y estirar las alas.
El agua es elemento principal con el que lo realizan. En estos casos se introducen unos centímetros en el agua y chapotean con sus alas para que el agua les salpique completamente el cuerpo. En ocasiones introducen la cabeza dentro del charco para levantarla velozmente, acompañado con un batir de alas. Las fotos son un claro ejemplo.
Al igual que nosotros hacemos, después del placentero baño toca acicalarse y peinarse. Las aves lo hacen en un lugar seguro, como una rama o una roca. En ella se “peinarán” con el pico, produciendo dos efectos en el ave; por un lado van adquiriendo una apariencia reluciente y repeinada y, por otra parte, este peinado les sirve para extender el aceite protector que segrega una glándulas que las aves poseen en la base de la cola, con la que proporcionan al plumaje una especie de “chubasquero natural” para repeler el agua, además de alargar la duración de la pluma. La glándula uropigial no proporciona a todas las aves la misma calidad y cantidad de aceite. En las denominadas “acuáticas” su poder es mayor y al estar continuamente en medio acuático su limpieza corporal debe ser totalmente escrupulosa.
Aquí vemos el baño de un Estornino negro (Sturnus unicolor):

Algunas aves realizan un “baño de tierra”: aquí vemos una secuencia del baño de un gorrión común (Passer domesticus)


Como puede verse en las fotos de este precioso gorrión, el primer paso consiste en suavizar la tierra con las patas (a pesar de buscar lugares de tierra floja), después se tumbará completamente sobre la arenilla y se refrotará con ella, para llenarse de ese polvo que despende el suelo. La arena les proporciona un alivio de la presencia de parásitos, así como actuar de repelente y suavizar el plumaje. También puede reducir un exceso de humedad corporal.
Aquí podemos ver como este Buitre leonado (Gyps fulvus) realiza el llamado “baño de sol”:
consistente en abrir completamente las alas y la cola, al dirigir el plumaje de manera peculiar el sol llega hasta la piel, sirviendo para calentarse de forma rápida. En ocasiones a las aves que realizan estos baños se les ve con el pico abierto y es estado casi hipnótico, por lo que algunos estudios barajan la posibilidad que así puedan redirigir el ”rebaño” de parásitos de su cuerpo hacia el pecho (lugar de más calor) y tener así más posibilidad de atraparlos o expulsarlos de su cuerpo con el pico.
De forma más breve se nombra otro método de limpieza, es el denominado “baño de hormigas”. De este método no tengo fotos, pero es el consistente en tumbarse encima de un hormiguero, para que las hormigas al sentirse atacadas lancen ácido fórmico sobre las plumas. Esto le sirve al ave de repelente a los parásitos. En otros casos las hormigas también “viajan” entre las plumas en busca de piojos, pulgones o pulgas para atraparlos como comida. También se piensa que pueda servir este ácido como suplemento al aceite segregado por la glándula uropigial. En algunos casos es tal el ataque fórmico que acaba el pájaro como en trance, por lo que no es de extrañar que pueda producir “adicción” a esta droga. Estos baños suelen realizarlos los córvidos y los picatroncos (pitos y picos).
Con aterioridad ya se describieron estos métodos de limpieza en la entrada llamada "Si yo tuviera pluma" pero he pensado hoy ampliarla añadiendo esta serie de fotos un poco más descriptivas.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Un “mundo pequeño” para descubrir “cosas grandes”

Otro obsequio de Toñín: Lentes de aumento
Hay un dicho que dice que “un amigo no es el que te regala flores si no el que te quita las espinas” pues esta semana Antonio Gascón me ha quitado una espinita que tenía clavada con las fotos en macro; con estas lentes me hace entrar en otra pespectiva de la naturaleza de la que uno siempre ha desconocido o nos pasaba totalmente desapercibida.
Quién haya entrado en un nido de Alimoche ( Neophron percnopterus) poco después de un exitoso periodo reproductor seguro que nunca lo olvidará. Es una gran satisfacción ver los primeros vuelos del oscuro inmaduro, que aunque reacios a saltar en sus primeros vuelos, enseguida cogen la destreza necesaria para emprender su primer vuelo migratorio. Estos inmaduros no regresarán a nuestra tierra hasta pasados por lo menos 2 años, que permanecerá en territorio africano.
El Alimoche está con nosotros todo el periodo reproductor, desde febrero a septiembre. Esta nidada en particular fue preocupante desde el inicio hasta el final y como señal nombrar el tardío abandono del pollo del nido. No realizando el primer vuelo hasta bien entrado el mes de agosto (día20), algo totalmente inusual para estas latitudes, y también algo peligroso, al disponer después de pocos días para fortalecerse y alimentarse adecuadamente antes de emprender la migración.
Además de esta doble alegría, nadie podría olvidar la observación del importante nido construido a base de palitos, ramillas secas y tapizadas de todo lo que encuentra, desde basura, hasta estiércol, lo que proporciona un hedor fuerte y desagradable.
Sus hábitos alimenticios también proporcionan un perfume nauseabundo al nido, ya que se puede decir que come todo lo que pilla: carroña, cualquier tipo de desperdicio, insectos, huevos, pollos, aves, incluso se ha constatado la captura de algún conejo. También es capaz de extraer alimento de las heces del ganado. Es un asiduo visitante de los vertederos.
Como puede verse en la foto, también se alimenta de pescado. Esta cabeza de barbo apareció entre los miles de deshechos que había en el maloliente nido.
Para comenzar con este “mundo pequeño” se ilustra la entrada con una ampliación de la dentadura de este pez, que visto así, parece más un cocodrilo que el de un tranquilo pez del Aragón Subordán. La cabecita sólo tiene 8cm de longitud, y aunque pueda parecer lo contrario, su composición no es huesuda, si no más bien de “ternilla” o cartílago duro.
La foto está realizada a las 22:00h con luz de bombilla, flax /auto y a mano alzada. Por lo que es normal, que en otras condiciones las fotos salgan mejor que esta regular prueba.
¡Muchas gracias Antonio!

lunes, 15 de febrero de 2010

Nidales: cuando los pájaros se vuelven “ocupas”

Hoy empezamos con un obsequio de Toñín:


En el mercado hay multitud de modelos de nidales, siendo cada uno de ellos diseñados según la especie de ave deseada. La entrada de hoy está referida a las "casitas" más comunes y que normalmente observamos en los bosques y en los parques y jardines.
Estos pequeños "unifamiliares" de madera van predestinadas a una serie de pequeñas especies de aves, son las consideradas “trogloditas”, es decir, son aquellas que utilizan los huecos naturales de las ramas o de los troncos para nidificar, para resguardarse de sus enemigos o para su protección ante las inclemencias meteorológicas.
Los nidales aportan la carencia de estos huecos que de forma natural escasean, lográndose de este modo que las poblaciones de estas aves insectívoras permanezcan en sus lugares habituales y no tengan que “emigrar” en busca de un asentamiento más adecuado. De igual modo, nos garantiza, que estas aves, permanezcan en nuestros arbolados con el consiguiente beneficio mutuo, por ser grandes consumidores de insectos nocivos para nuestra masa forestal, produciéndose así el perfecto equilibrio natural.
La especie que ocupará el nidal irá en proporción al tamaño del mismo y en especial al tamaño del agujero de entrada. Los nidales típicos tienen una abertura de 35mm de diámetro. En ellos se ha detectado la presencia de especies como el carbonero común, carbonero garrapinos, carbonero palustre, chochín, papamoscas cerrojillo, papamoscas gris, herrerillo capuchino, herrerillo común, mito, gorrión chillón, gorrión molinero, trepador azul, agateador común, colirrojo real… y otras que por su tamaño nos parecería inusual como la abubilla, el pico picapinos, autillo, torcecuello o el estornino.
Su colocación es sencilla, en la que sólo deberemos tener presente el rechazar los lugares donde sean más frecuentes los vientos fuertes, tormentas o cualquier agente atmosférico adverso. Se colgará de una de las ramas segundarias del árbol elegido, evitando lugares cercanos al tronco (no como el vídeo) lo que evitará que determinados enemigos puedan entrar en él (ratones, pequeños mamíferos, culebras…) y puedan comerse los huevos o los pollos. La altura aconsejable es sobre los 3-4 metros del suelo.
A lo largo de la entrada se han introducido unas fotos de aves “ocupas” de nidales. Por su “rareza” por Embún hablamos un poco del Gorrión molinero ( Passer montanus):
La palabra “rareza” es algo demasiado brusco para tratar a este hermano de nuestro gorrión, pero si que podemos considerarla como “menos común” e incluso “accidental” en nuestro Termino Municipal. Su presencia es más o menos otoñal e invernal y siempre en las inmediaciones de los campos de cultivo cercanas al pueblo, aunque no depende tanto de la presencia humana como el gorrión común.
Es un ave que no suele nidificar por encima de los 1.000 metros de altitud y sus lugares habituales van predestinados a las zonas de cultivo de cereal, aunque rechaza los lugares donde no hay arbolado cercano donde realizar su puesta o resguardarse de sus enemigos.
El nido lo realizará en una oquedad del árbol, donde ambos progenitores lo rellenarán de hierba, paja, raíces y plumas en forma esférica de carácter desordenado. La incubación de los 4/6 huevos es llevada por ambos durante un periodo de 12 días. Realiza de dos a tres puestas anuales.
Aunque en su dieta las semillas y los brotes son elementos importantes, hay que nombrar que, otra gran parte de su alimentación la componen los insectos.
En esta época invernal es muy sociable, juntándose en grandes bandos y a menudo mezclado con otras especies como el jilguero, pardillo, pinzones, escribanos o verdecillos.
Ambos sexos son parecidos, destacándose su “capucha” de color castaño y una característica mancha negra en la mejilla. Posee un babero más reducido que el gorrión común, que es igualmente de color negruzco. Es de un tamaño un poco menos al común y su forma es más “rechoncha”


domingo, 14 de febrero de 2010

Jilguero común (Carduelis carduelis): Pensar que el porgadero, el palo y la cuerda puedan privar de la libertad a nuestras preciosas cardelinas…

Quién más o a quién menos le habrá sorprendido tropezarse con grupos medianamente grandes de fringílidos esta temporada, tanto de pinzones, escribanos, pardillos. verdecillos, verderones o jilgueros. Muchos de estas aves nos visitan en esta época invernal procedentes del norte de Europa, lo que unido a los ejemplares autóctonos hacen aumentar parcialmente nuestra población. En muchas ocasiones estos bandos son mixtos, de varias especies diferentes, lo que les garantiza protección mutua mientras se alimentan en los campos semidescubiertos o poco poblados vegetalmente.
De la extensa lista de aves invernantes hoy hablamos un poco del jilguero (Carduelis carduelis):
A pesar de lo llamativo de estos amplios grupos multicolores, hay algunos estudios que llegan a dudar de la magnitud de la población viajera procedente del norte de Europa. Dando por hecho qué es una especie puramente inquieta y que sus desplazamientos van determinada por la calidad del alimento conseguido. Hay algunos datos que aseguran que la época de mayor población es la comprendida entre los meses de junio y julio, correspondiente al periodo de los primeros vuelos de las cardelinas juveniles. La actitud inquieta de la especie, unida a la buena climatología, le hace ampliar el territorio ocupado. Así podemos verlos incluso a una altitud cercana a los 2.000 metros, aunque lo normal es que su límite nidificante sean los 1.000m y no pasar en sus vuelos de los 1.400 metros de altitud. Lógicamente el cambio meteorológico hace que su distribución se concentre en busca de su deseado alimento, lo que unido a la mayor o menor llegada de las invernantes europeas hace colorear en esta época nuestros campos de miles de jilgueros.
El paso de las europeas procedentes del Reino Unido, Bélgica, Holanda, Francia o Suiza es tremendamente particular, ya que parece ser que no disponen de zonas habituales de paso, teniendo la gran suerte de verlas por cualquier zona del Pirineo. Algunos bandos se quedan a latitudes cercanas a la nieve, pero los más numerosos descienden hasta el valle del Ebro (en bandadas de hasta 200 individuos por bando).
En un artículo publicado en la revista Ardeola de la SEO de junio 2009 Juan Arizaga, Juan Cuadrado y Luis Romero destacan que las aves con las alas más largas y apuntadas y una cola más corta tendieron a pasar antes que las de las que poseían las alas más cortas, redondeadas y una cola más larga.
Al igual que el resto de los fringílidos su vuelo es ondulante, pareciendo que danzan con el viento. En el medio arbóreo trepa con gran habilidad por las finas ramas. En vuelo destaca su llamativa franja alar de color amarillo en medio de sus negras alas, con puntas blancas. La cabeza es blanca y negra con una careta roja escarlata tapándole desde la base del pico hasta el ojo. El rojo de la cara es superior en el macho, quedándosele al límite del ojo en la hembra. Su poderoso pico blanco le sirve de perfecta herramienta para llegar a las deseadas semillas del cardo y otras herbáceas, quitándole las cáscaras con una tremenda habilidad. También le resulta de gran ayuda sus pequeñas patas (especialmente sus tarsos).
Tampoco es extraño verlo en el suelo alimentándose de semillas o de insectos. Los insectos le proporcionan el alimento adecuado para la cría de sus pollos. A medida que van creciendo su alimento insectívoro pasa a ser granívoro. Parece ser que, toda la época juvenil, hasta la llegada del invierno, su alimento es casi exclusivamente a base de insectos.
La hembra es la encargada de construir un escondido nido en las ramas de un árbol frondoso. Estará compuesto de tallos finos, raíces y musgo, dando la sensación de solidez. En él realizará la puesta de 4 a 5 huevos que incubará durante algo menos de 15 días, mientras que el macho se encargará de alimentarla. Posteriormente ambos progenitores se encargaran de la alimentación de los pequeños.
Ave perseguida desde siempre por su gran colorido y su melodioso canto. Desde las más rudimentarias prácticas de caza, a base de besque o liga o de la del porgadero, palo y cuerda, o las actuales de redes o…, su colorida vida queda truncada en muchos casos en una diminuta jaula. Ave típica de compañía en muchas casas. En algunos países como en el Reino Unido fue tal su acoso que estuvo a punto de desaparecer y gracias a una campaña de protección su población va estabilizándose nuevamente.
Al igual que el petirrojo su leyenda cuenta que fue otro de los pajarillos que ayudó al Cristo crucificado a desprenderse de su corona de espinas, salpicándole la cara con su sangre. Concediéndole éste en agradecimiento su precioso colorido, su careta ensangrentada y su melodioso canto