Hoy este pequeño blog cumple 300 pequeñas locuras. Como todo en la vida, esta especie de “panfleto” ha ido variando en el día a día, aunque sin dejar de lado los ideales con el que se creo: Abrir una pequeña ventana a la Naturaleza aragonesa y compartir esa experiencia con la familia y amigos de una manera alegre, sin mucho tecnicismo, aunque en ocasiones es imposible obviarlos, lo más didáctico posible y a ser posible intentando no ser el “tostón” de cada día.
El primer día, y ahora y siempre, me hubiera gustado alzarme al vuelo como este precioso Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) que sin esfuerzo eleva la vista al cielo antes de extender sus poderosas alas, y de un salto tener el espacio suficiente para evitar rozar con el suelo en su primer aleteo.
Los Buitres leonados (Gyps fulvus) son algo más torpes, debido a sus patas más cortas y su larga envergadura de alas. Por tal motivo huyen del suelo, salvo para alimentarse, realizando todas las funciones motrices que pueden en lugares elevados para así facilitar el posterior despegue. La foto es un claro ejemplo, se deja caer casi al vacio antes de empezar a aletear. Cuando el vuelo se inicia desde el suelo, los aleteos y fuerza de impulso a modo de correteos es en muchos casos desalentador. Siempre que la orografía lo permite, prefiere andar ladera arriba para iniciar el vuelo desde lugar elevado.
Las otras rapaces tienen menos problemas de arranque, así el Milano real (Milvus milvus) le vale un poderoso salto para iniciar el vuelo, aunque esté en terreno totalmente llano como el de la foto. Cuando lo hace desde una atalaya, le vale con ladearse hacia un lado o simplemente impulsarse sobre su posadero para volar sin peligro. 
El Busardo ratonero (Buteo buteo) suele realizar gran parte de su vida esperando sus presas desde una atalaya o simplemente descansando, por tal motivo intenta gastar la menor energía posible; él simplemente se balanceará hacía adelante y de un mini-impulso hará separarse lo “justo” antes de que el primer aleteo pueda tropezar con su posadero.
La aves zancudas, como la cigüeña (Ciconia ciconia), no tienen el problema de que sus alas tropiecen con el suelo, sus largas patas se lo impiden, también les sirven de perfecto “muelle” para saltar sobre el suelo e iniciar rápidamente el vuelo. Cuando están en un punto alto, como en la foto, tampoco tienen la menor inquietud.
Las aves del tamaño del cuervo (corvus corax) o de la tórtola (Streptopelia de
caocto) se valen simplemente de sus poderosas patas para impulsarse como un resorte del suelo y separarse de forma rápida y veloz. Sus ágiles alas harán el resto Necesario por otra parte para huir de sus presas. 







