lunes, 14 de noviembre de 2011
UN MUSEO MUY ESPECIAL
En el año 1997 se abrió en la ciudad de Berlín un museo muy especial, que resultó ser el primero de su tipo. Su nombre es "Computerspielemuseum", pero no dejen que ese palabra los amedrente, porque la temática del mismo es muy atractiva: se trata de exhibir, preservar e investigar acerca de la cultura del entretenimiento digital interactivo.
En realidad, la palabra "computerspiele" puede traducirse como "juegos de computadora", así que ya pueden imaginarse ustedes de qué viene la mano.
De diseño sobrio, como cabría esperar de un museo alemán, cuenta con exhibiciones que van variando secuencialmente.
Por ejemplo, la próxima que está programada se titula: "Street Fighter II - una aproximación artística", lo cual promete un enfoque artístico de un clásico juego de "piñas y patadas" en primera persona.
Pero no hay que asustarse, porque la historia de los juegos de computadora ha abarcado múltiples géneros, de modo que hay para todos los gustos.
Por supuesto, un servidor se decantaría probablemente por algo como lo que está jugando este jovencito:
Es que los "Space Invaders" marcaron un hito en esta clase de juegos, así como el "PacMan", el "Tetris", "Donkey Kong", "Asteroids", y tantísimos otros que ustedes recordarán seguramente.
Algunos de ellos supimos jugarlos en máquinas de considerables dimensiones ("videogames"), que sin embargo denominábamos "maquinitas", de las cuales había varios locales que hicieron historia en Montevideo.
Pasaría mucho tiempo antes de que se popularizara económicamente la posibilidad de jugar en una computadora propia y con controles más adecuados y anatómicos:
Este museo berlinés trata de mostrar cómo han ido evolucionando este tipo de juegos, desde aquellos que parecerán "jurásicos" a las generaciones nuevas hasta los que parecerán "demasiado complicados" a las generaciones viejas.
La cuestión es que resulta un interesante paseo para todas las generaciones. La gente puede, claro está, jugar también en el museo. De lo contrario, ¿cómo experimentar lo que se siente?
Y si al principio no le toman la mano al juego o a los controles, ya luego se sentirán más seguros y disfrutarán un buen momento.
Seguramente, para muchos de nosotros, la visita a este museo sería una grata experiencia. Y generaría un montón de lindos recuerdos, claro que sí.
Tan lindos, que ni siquiera me quejaría si apareciese el inevitable cartelito:
Hoy un insignificante Gorrión común... hasta el más común de los pajarillos nos sorprende día a día
Hay algunas aves, como este Gorrión común (Passer domesticus), que realizan los conocidos baños de arena. Estos baños "en seco" les sirven principalmente para desprenderse de parásitos externos. La secuencia fotográfica da buena muestra de su esmerado procedimiento.
sábado, 12 de noviembre de 2011
Fadwa Al-Labadi
Estudios de la Mujer, Directora del Centro de Estudios de Género y de la mujer. Insan (Universidad Alquds):http://www.alquds.edu/centers_institutes/ic/
Fadwa Al-Labadi, es una activista del movimiento de mujeres, titulada Estudios de la Mujer en la Universidad de Kent, en Canterbury (Reino Unido). Es Profesora Asociada de Estudios de Género y Desarrollo Social y Directora del Centro de Estudios de Género Insan y jefa de Estudios para el Desarrollo del Departamento en la Universidad Al-Quds, Jerusalén Este. Es asimismo Fulbright Visiting Scholar en la Universidad de Michigan-Dearborn, EE.UU., profesor visitante en la Universidad de York en Canadá,
viernes, 11 de noviembre de 2011
LA REPÚBLICA DE LA BOCA
Hablar sobre "la República de La Boca" no es una manera exagerada de referirse a las peculiaridades de ese popular barrio de Buenos Aires. Porque lo cierto es que realmente hubo un insólito intento de "independizar" esta zona del resto del país.
De acuerdo a la versión más aceptada, todo comenzó en el año 1882, en medio de uno de los tantos conflictos que se desarrollaban entre obreros y patrones. Tal como era común por entonces, se produjo una intervención policial que no tuvo nada de sutil, derivando en batalla campal entre uniformados y trabajadores.
Luego de esos incidentes fue que una serie de personas pensó seriamente en una especie de "secesión" de La Boca, para que los asuntos locales se resolvieran sin intervenciones "foráneas".
Se llevó a cabo una multitudinaria reunión en la Sociedad Italiana, pues la mayoría de los pobladores del barrio y de los involucrados en el conflicto eran de esa nacionalidad. Según parece, los genoveses presentes plantearon entonces la necesidad de que los problemas de La Boca se resolvieran en forma autónoma, sin intervención del gobierno argentino.
Por lo tanto, se labró un acta que fue suscrita por los presentes y enviada posteriormente al Rey de Italia, en la cual se estableció la fundación de la República de La Boca e, implícitamente, se buscó apoyo internacional.
Acto seguido, se izó la bandera genovesa en varios lugares del barrio (ahora República) de La Boca.
Cosa aún más curiosa, porque la bandera de Génova inspiraría luego los colores de River Plate:
Siguiendo con nuestra historia, bien podemos decir que la existencia de la República de La Boca fue efímera. Al parecer, al día siguiente se hizo presente en el lugar nada menos que el presidente Roca, dirigiéndose a los separatistas en tono firme y decidido pero con cierto paternalismo.
Es el propio Roca quien baja la bandera genovesa de su mástil y la entrega respetuosamente a los sublevados, a quienes sigue hablando en forma admonitoria hasta que deponen su actitud.
Y La Boca volvió a ser un barrio más de la capital argentina. Especial, diferente, pintoresco, pero un barrio al fin.
Sin veleidades independentistas.
martes, 8 de noviembre de 2011
APATÍA, DESIDIA, INSENSIBILIDAD
Fue noticia el mes pasado: una chica uruguaya que estaba en Shanghai (China) salvó a una persona de morir ahogada, mientras la gente se limitaba a mirar o (peor aún) sacaba fotos y filmaba con sus celulares, como si se tratase de un espectáculo gratuito.
Coincidentemente, pudo verse en Youtube un aberrante video que muestra un suceso acontecido también en China el mismo mes: una niña de dos años fue atropellada dos veces por sendos conductores que no se detuvieron y, posteriormente, quedó tirada en el lugar sin que nadie le prestase ayuda.
Casi veinte personas pasaron por el lugar sin tomar acción alguna, hasta que al final una señora acude y toma cartas en el asunto. Días después, la criatura fallecería.
Naturalmente, se han levantado voces airadas en todo el mundo, criticando la apatía moral de la sociedad china. Y no puedo menos que concordar con esas críticas, pero me veo en la obligación de señalar que no se trata de un fenómeno nuevo.
Por eso quise subir este post, para recordar la historia de Kitty Genovese.
Catherine Susan Genovese era una muchacha de 28 años que vivía en Nueva York. Una noche de marzo de 1964 llegó a su barrio, estacionó su coche y se dirigió a su edificio. Fue entonces cuando un hombre surgido de las sombras corrió tras ella y la apuñaló dos veces en la espalda.
Fue entonces cuando la chica herida comenzó a gritar pidiendo ayuda. Varios vecinos salieron a la ventana y uno de ellos alcanzó a gritar: "¡Deje en paz a esa muchacha!".
Con eso, tan sólo con eso, logró que el agresor dejara a su víctima tirada en el piso y se escondiera en un callejón cercano.
Pero si la pobre Kitty pensó que estaría a salvo, pronto vería lo equivocada que estaba.
No sólo nadie acudió en su auxilio, sino que cada quien volvió a su "mundito" y sus quehaceres.
Kitty continuaba gritando, solicitando auxilio, pero todo fue en vano. Treinta y ocho personas (el número se supo en la investigación posterior) hicieron oídos sordos.
La desidia de los vecinos dio coraje al atacante. Volvió a escena y alcanzó a Kitty, que se arrastraba por la acera pidiendo ayuda a gritos. La apuñaló nuevamente, la violó y posteriormente la remató a puñaladas.
¿Qué sucedía entretanto? Uno de los vecinos quiso llamar a la Policía, pero pareció dubitativo a la hora de involucrarse. Entonces, primero llamó por teléfono a un amigo policía que vivía en otra ciudad, para pedirle consejo. Finalmente, dio parte a las autoridades.
Había pasado media hora del ataque cuando uno de los vecinos del lugar bajó a la calle para auxiliar a Kitty. Increíblemente, la chica aún vivía. Pero moriría en la ambulancia de camino al hospital.
El caso fue considerado largamente por el periodismo de la época y por un ejército de expertos provenientes de diversas disciplinas. Con toda lógica, se convirtió en una denuncia pública de la violencia, la falta de compromiso y el quiebre de la moral social, pero luego otras noticias sustituyeron rápidamente a ésta (ya por entonces, la realidad que llegaba a las masas era moldeada por "las noticias del día").
Como ven, queda claro que el fenómeno de la insensibilidad ante el sufrimiento ajeno no es nuevo. No puede ser atribuído a la forma en que se vive actualmente, aunque es seguro que la sociedad posmoderna ha ampliado el desastre.
Quiero finalizar este post recordando a un héroe olvidado: Gustavo Volpe.
Es muy difícil que alguien se acuerde de él en este país, que sólo venera políticos y futbolistas.
Gustavo Volpe era un brillante estudiante de medicina, que volvía en ómnibus a su casa una noche de diciembre de 1955, tras rendir un examen de la carrera.
En medio del trayecto, notó que un "punguista" tomaba la billetera de un pasajero y se daba a la fuga.
Sin pensarlo dos veces, Volpe se bajó tras el ladrón y se trabó en lucha en la calle. Pero para su desgracia, un cómplice del punguista le atacó y apuñaló por la espalda, causándole la muerte.
Era otro Montevideo, otro Uruguay y otra sociedad de la que estamos acostumbrados. El hecho generó tal indignación que dio origen a una multiplicidad de iniciativas. Una no menor fue la creación del Movimiento Nacional Gustavo Volpe, organización que buscaba ayudar a jóvenes con problemática diversa.
Desgraciadamente, los años pasaron y la cabeza de la gente cambió notoriamente. La violencia se hizo algo tan cotidiano y natural que, simplemente, convivimos con ella considerándola inevitable. De allí a la apatía, la desidia y la insensibilidad, hay poco trecho.
No sólo los chinos tienen problemas, que conste.
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