James Cameron quiere perfeccionar nuevas técnicas de filmación.
OTR/PRESS / LOS ÁNGELES
Hace ahora casi un año, James Cameron anunció que «Avatar 2», la secuela de la película más taquillera de la historia, se estrenaría en diciembre de 2013. Pero parece que habrá que esperar bastante más para volver a viajar hasta Pandora, al menos hasta 2016.
Fue el productor Jon Landau quien, durante una proyección promocional de varias escenas de la versión en 3D de Titanic, anunció el retraso de la segunda parte de «Avatar». Este tremendo retraso de tres años en el calendario previsto no se debe a problemas de financiación ni inclemencias creativas, sino al deseo del propio Cameron de profundizar y perfeccionar nuevas técnicas de filmación.
Tengo una prima que vive casi en los altos de una pizzería que ofrece, una vez a la semana, noche de karaoke. Nunca le he preguntado (temo la respuesta), pero sospecho que en esos días debe perder la paciencia. Me la imagino cerrando ventanas y persianas a la carrera, mientras su mente explora la posibilidad de liquidar definitivamente a esos émulos de Shakira y Arjona mediante suplicios espantosos e inenarrables.
Nacido en Japón, el karaoke fue ideado por un cantante que puso una empresa, hizo fabricar las máquinas y las arrendó a diversos establecimientos. Las máquinas funcionaban a base de monedas y fueron un éxito desde el inicio. Luego vendrían los locales especializados.
Precisamente en tierras niponas es que ahora surge una novedad: las cabinas individuales de karaoke.
Las primeras cabinas han sido inauguradas en una estación del metro de Tokyo y ya son un completo éxito. Como dije, están hechas para una sola persona. Los japoneses las consideran una pegada, porque les permiten practicar sus habilidades (o mejorarlas) para luego exhibirlas en las reuniones sociales y familiares.
(Digo yo que también habrá gente que tiene prohibido el canto en locales o reuniones y, entonces, se desquita aullando de lo lindo en esas cabinas, por un precio módico y sin molestar a nadie).
Por mi parte, soy una persona con autocrítica. Mis capacidades de canto son, en rigor, nulas por completo. Creo que, aunque fuera una vez a las cabinas individuales, en la siguiente ocasión me señalarían el letrero:
Con dosis de suspense, misterio, crimen e investigación policial, J.J Abrams, creador de series como Perdidoso Fringe, ha rodado Alcatraz, una ficción que estrena la cadena TNT este martes en España con la emisión de los dos primeros episodios.
Dirigida por el consagrado productor, guionista y actor neoyorquino J.J. Abrams, la serie se inspira en el mítico centro penitenciario de San Francisco (EE UU).
Alcatraz cuenta con un reparto de actores muy conocidos de cine y televisión como el neozelandés nacido en Irlanda del Norte Sam Neill (Parque Jurásico), los estadounidenses Sarah Jones y Jorge García (Hijos de la anarquía y Perdidos, respectivamente) y el británico Jonny Coyne (London Boulevard).
Así como la actriz británica de origen indio Parminder Nagra, protagonista de la premiada películaQuiero ser como Beckham; los neoyorquinos Robert Forster, veterano que recientemente ha participado en la cinta Los descendientes, y Jason Butler Harner (C.S.I.) y el venezolano Santiago Cabrera (Héroes y Merlín).
La nueva serie de la ABC narra la odisea de una tripulación que se embarca río arriba por la selva amazónica en busca de un explorador televisivo desaparecido en extrañas circunstancias.
El terror de películas como Paranormal Activity o Blair Witch Project (El proyecto de la Bruja de Blair) se fusiona con los misterios de la selva estilo X-Files (Expediente X) en la serie The River, apuesta televisiva arriesgada presentada esta semana con la que la cadena ABC busca revivir el éxito de Lost (Perdidos).
Avalada por Steven Spielberg y creada por Oren Peli (Paranormal Activity), The River narra la odisea de una tripulación que se embarca río arriba por la selva amazónica en busca de un conocido explorador televisivo desaparecido en extrañas circunstancias.
El programa se estrenará en horario de máxima audiencia en Estados Unidos el próximo 7 de febrero y constará de una primera temporada compuesta por ocho capítulos de una hora en los que se combina el estilo de falso documental con el 'thriller'.
La educación (o mejor dicho, el endeble y patético sistema educativo) suele ser tópico de conversación en mi país. No es para menos. Las cosas están tan de cabeza que hasta se denunció públicamente a una directora de liceo que intentó (salvaje ella) imponerse ante unos alumnos que, en su propio despacho, mientras se tomaban unos vinos le gritaban cualquier cosa (nótese que incluso la persona que subió el video piensa, con total sinceridad, que es la directora la que está errada y no los alumnos).
No se llegó a la situación actual por casualidad. La dictadura desestabilizó a la educación pública, porque borró toda una serie de contenidos y obligó al retiro o al exilio a gran parte de los profesores en funciones. Pero después de la dictadura fueron pasando los años. Y si bien al principio quedaba muy bien hablar de la "pesada herencia" y de las "nefastas consecuencias", ahora que transcurrió un cuarto de siglo ya no son argumentos de recibo.
La única conclusión lógica a la que se puede llegar es que al Estado posmoderno no le interesa demasiado la educación. Ni ahora ni desde mucho tiempo atrás. El gobierno de turno (CUALQUIERA que sea) reacciona ante los problemas sólo si estos amenazan lo más preciado: la imagen pública (que ha sustituido a la realidad hace mucho tiempo). Por caso, ante el episodio de la directora del liceo que mencioné, la respuesta directa del sistema (desde las más altas esferas) fue "bajarle los decibeles al asunto". O sea, quitémoslo de los medios y desaparecerá el problema.
(Es una forma curiosa de entender el mundo y de manejarse en la vida: sólo existe aquello de lo cual se habla en los medios, nada más. Para muchos, funciona.)
El asunto es que el desastre educativo no parece ser sólo local, sino mundial. Lo cual deja abierta la puerta para pensar si será una casualidad o una causalidad. Ni siquiera los países del Primer Mundo se salvan. En USA ya se pensaba que el sistema educativo estaba por irse a pique, pero ahora parece que la "crisis" ha terminado de redireccionar los fondos públicos y le dio el último empujoncito al abismo.
Por eso me llamó la atención la noticia que voy a compartir con ustedes: una directora de escuela llamó a la Policía cuando vio que una niña de 12 años le dio un beso a un compañero en el patio de recreo.
Semejante ñoñería, en un mundo donde hay millones de problemas, es una muestra de poca capacidad para manejarse. ¿Qué hará el día que se agarren a piñas dos muchachos? ¿Llamar al ejército?
La historia sucedió en una escuela de Florida (USA), cuando dos niñas de 12 años se pusieron a discutir para determinar a cuál de las dos le gustaba más un compañero de clase determinado. Y como para zanjar la cuestión, una de las dos se dirigió al muchachito y le dio un beso. Punto. La directora, que miraba por la ventana en ese momento, reportó el incidente (¿?) a la Policía.