Muchos años atrás, cuando el Pelado estudiaba economía, asistió a una discusión mayúscula (académica, pero mayúscula) entre dos profesores que discrepaban acerca de algo llamado
la Ley de Say, que como tantas cosas en la ciencia económica, pendía de alfileres si se la trasladaba al mundo real.
Al parecer, uno de los docentes interpretaba en forma muy directa el principio formulado allá por inicios del siglo XIX, resumiéndolo en algo como "
toda oferta crea su demanda".
El tipo que defendía a rajatabla esa peculiar interpretación, afirmaba (palabras más o menos) que
cualquier producto o servicio que se ofrezca en venta, encontraría compradores interesados.
A mí, que era un simple estudiante, me parecía que eso era un disparate evidente. Pero los años pasaron y me enseñaron que, quizás, la idea no era tan descabellada. Hoy les traigo un ejemplo que viene al caso y que más o menos comprueba, si no la Ley de Say, al menos que
hay gente para todo.
Empecemos con una pregunta:
¿les gustaría pasar una noche en prisión?Antes que me contesten que ningún ser normal considerará siquiera la idea, voy a decirles algo: mucha gente contestó que sí.
Los interesados tuvieron oportunidad de pasar una noche en el
Hotel Alcatraz, instalación construida en Londres que recrea el ambiente de la prisión de igual nombre.
Al llegar al hotel, el huésped-prisionero debe entregar sus pertenencias, las que serán guardadas. A continuación, se le hace una ficha con sus datos y se le toman las consabidas fotos de frente y de perfil.
Acto seguido, se le entrega un uniforme de presidiario como los de entonces, se le lee el reglamento de la prisión y se lo deriva a su celda, réplica de las originales.
Una vez instalado "cómodamente" en su celda de 1,50 por 2,70 hay muy poco para hacer. Nada de libros o revistas o televisión o radio o música. Nada de nada.
Puede que le vengan ganas de hacer pipí, en cuyo caso le aliviará saber que el mugriento inodoro de la celda no está destinado a ser usado, sino que sólo forma parte de la decoración. Tendrá que llamar al guardia y éste le acompañará a un baño "normal".
Además del baño, hay otras diferencias entre este singular hotel y la prisión real de antaño. Por ejemplo, si el huésped muestra buena conducta (lo cual incluye tratar de "señor" a los actores contratados como guardias) puede usar un objeto personal durante media hora.
Otra diferencia radica en que se sirve una copa de vino con la cena, aunque lo demás es igual de "sustancioso": un alimento muy básico, servido en una bandeja de metal, incluyendo la clásica sopa de col (repollo).
A las 23:45 se apaga la luz y punto. A dormir hasta mañana, cuando suena una sirena y eso marca que la estadía ha finalizado.
Esta "maravillosa experiencia" es patrocinada por la producción de la serie "
Alcatraz".
Temerosos de que la iniciativa no encontrase demasiados interesados, la réplica londinense de la prisión sólo contiene cuatro celdas y estaba prevista para estar abierta una semana.
Lo cierto es que las vacantes se llenaron en media hora y quedaron muchísimas solicitudes sin poder ser atendidas.
Puede que más adelante se repita el llamado, así que si tienen interés estén atentos.
Si están muy ansiosos, otra opción es darle un palo por la cabeza a algún policía que vean por ahí en el barrio.
Seguramente obtendrán a cambio una "experiencia inolvidable".