martes, 17 de abril de 2012

Star Trek London | 19th - 21st October | History Will Be Made - 5 Captains Together on Stage

It's been a long time coming but finally European fans of Star Trek will witness all five captains on stage in London this October.
Patrick Stewart, Scott Bakula, Kate Mulgrew, Avery Brooks and the legendary William Shatner will appear together for one very special talk during the weekend of Destination Star Trek London. It won't matter which series you preferred or liked best, there will be something for everyone on that stage so make sure you have the best seat in the house - look out for ticket details coming soon for a once in a lifetime talk.

Web Oficial de Star Trek.

Five Captains at Destination Star Trek London! 



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lunes, 16 de abril de 2012

EL ALQUIMISTA DE LOS PLATILLOS



Es de suponer que el alquimista Avedis no estaba involucrado con los instrumentos de percusión en general, o con los platillos en particular. Pero una noche del año 1618, cuando se hallaba en plena tarea buscando transmutar unos metales en oro, encontró una fórmula muy particular.

La aleación de estaño, cobre y plata que había creado, resultó tener unas interesantes propiedades: si se la moldeaba en una lámina fina y se la golpeaba, producía un sonido característico.
Avedis no encontró la Piedra Filosofal, por cierto que no. Pero si bien tampoco transmutó literalmente metales viles en oro, al menos puso los cimientos para una empresa que da buenas ganancias hasta hoy y tiene un producto estrella: los platillos Zildjian.



Hombre avispado, Avedis fundó una fábrica y buscó un seudónimo apropiado. Nada mejor que Zildjian, que viene a significar "hijo del vendedor de címbalos".

Los años pasaron y la fórmula de composición de los platillos sigue siendo secreta. La tradición familiar de los Zildjian implica que sólo es transmitida al hijo mayor en cada generación.
De modo que, aunque el proceso de fabricación se haya adecuado a los tiempos, añadiendo todas las mejoras que permita la técnica, la fórmula básica no ha cambiado y es tan misteriosa como la de Coca Cola.

Cualquiera que guste de la música y haya asistido a recitales, sabe que muy probablemente el batero de la banda ha de tener unos platillos de esta marca entre sus instrumentos.
La lista de quienes los han usado incluye, por ejemplo, a:

Charly Alberti (Soda Stereo):



James Kottak (Scorpions):



Joey Kramer (Aerosmith):



Lars Ulrich (Metallica):



Mitch Mitchell (Jimmy Hendrix Experience):



Rick Allen (Def Leppard):



Caroline Corr (The Corrs):



Sheila E (Prince):



Roger Taylor (Queen):



Y muchos más, no sólo rockeros sino también jazzeros, melódicos y un largo etcétera.

Ahora bien, supongo que ustedes se preguntarán (como yo lo hice), ¿qué pasaría si sufren un accidente las personas que conocen la fórmula? Pues bien, allí entraría en funciones una cláusula de un documento que permite abrir una bóveda en North Quincy (Massachusetts, USA), donde la valiosa fórmula está escrita en un papel.

Todo muy misterioso, como cosa de alquimista.

De yapa, les dejo a Roger Taylor, ya que lo mencionamos. El hombre encara un original solo, a medida que "le van armando" la batería. Y luego suena "I'm in love with my car", de Queen:

viernes, 13 de abril de 2012

ENTRE LOS MOSQUETEROS Y DON ALFREDO



Si algo se puede decir de la obra de Alejandro Dumas, es que suele ser entretenida y tener pasajes realmente originales. Por ejemplo, la forma en que los tres mosqueteros conocen al joven D'Artagnan.

D'Artagnan era un mozo impulsivo que deseaba convertirse en mosquetero y para ello acudió a la ciudad. Pero con tan mala fortuna que, sucesivamente, tiene un altercado con Athos, Porthos y Aramís, por separado. Como en esa época los incidentes se resolvían por medio de duelos, el asunto deriva en tres duelos programados uno tras otro, entre D'Artagnan y los tres mosqueteros.

¿Se imaginan a alguien batiéndose a duelo con tres contrincantes diferentes, en el mismo día, uno tras otro? Cosa de novelas, me dirán. Pero a veces la realidad imita y supera a la fantasía. Si no me creen, vamos a hablar de el duelo triple de Don Alfredo.


Alfredo Palacios fue, más que un político argentino, un personaje único. Abogado, político, profesor y rector universitario, creador de la materia Derecho del Trabajo y la Seguridad Social, escritor y, ante todo, un hombre de convicciones, veía la política en forma muy apasionada.

Allá por 1914, habló en forma muy dura contra el doctor Estanislao Zeballos. Y Zeballos, ofendido, le mandó sus padrinos. En teoría, Don Alfredo no debería haber aceptado batirse, pues los duelos estaban precisamente prohibidos en los estatutos del Partido Socialista (al cual pertenecía). Pero tenía un carácter bravo, de modo que aceptó el duelo y designó a dos amigos (Fermín Rodríguez y Mariano Beascochea) como padrinos.

Acto seguido, los cuatro padrinos de los dos duelistas se reunieron a puertas cerradas. Usualmente, la reunión era para fijar detalles: qué armas se usarían, dónde y cuándo sería el lance. Pero estos cuatro caballeros eran además criteriosos. Decidieron que el duelo debía suspenderse y que los ánimos debían enfriarse para resolver las cosas en buenos términos.

¡Para qué! Cuando Don Alfredo se enteró, se puso furioso con sus padrinos. Tanto, que resolvió retarlos a duelo a ellos también. El resultado fue un tanto caótico, pero indiscutible: se acordó que Don Alfredo se batiría a duelo tres veces en el mismo día. Primero con el doctor Zeballos, luego con Rodríguez y finalmente con Beascochea.



Los duelos se llevaron a cabo entonces, tal y como fueron programados. No hubo que lamentar heridos graves y, en particular, Don Alfredo salió ileso de los tres lances. Es de suponer que no quiso dañar a nadie, pues era un tirador experto y uno de los mejores esgrimistas de su época.

Y tan "calentón" como D'Artagnan, seguramente.

Madrid 1987. La sensacion de la temporada


martes, 10 de abril de 2012

LA JUGADA MÁS RIESGOSA


Todos hemos visto partidos de fútbol donde el delantero de turno es víctima de alguna jugada medio criminal. Son esas acciones que, más que un foul, parecen un intento de asesinato.
Pero por mucho que los golpeen, ni los Messi ni los Ronaldo se verán sometidos a la prueba que sufrió un grupo de hombres por culpa de una pelota de fútbol.

Amanecía el día primero de julio de 1916. Nos encontramos en el norte de Francia. "¡Qué belleza!", dirá usted. "¡Qué macana!", le diré yo. Porque el lugar concreto es la zona aledaña al río Somme y esta gente es parte del contingente británico que participará en la batalla del Somme, una de las más sangrientas de la Primera Guerra Mundial.

El octavo batallón (East Surrey) esperaba órdenes para sumarse a la carnicería. Y fue entonces cuando apareció el capitán W.P. Nevill, quien comandaba la Compañía B. Pero en vez de un arma, portaba cuatro pelotas de fútbol.



Nevill venía con una idea concreta: cuatro balones representaban uno por cada pelotón de la Compañía. Y era su intención lanzar los cuatro lo más lejos posible, en dirección a la "tierra de nadie" existente entre la trinchera de sus hombres y las trincheras alemanas.

Así fue que, tras prometer a sus soldados un premio para quien "anotara un gol" en las líneas enemigas, procedió a lanzar cada pelota fuera de la trinchera. Y ordenó a sus hombres atacar.



Intentar avanzar con una pelota en un partido de fútbol puede ser riesgoso. No faltará un jugador contrario que se nos aproxime con mala cara y peores intenciones. Pero hacer lo propio en medio de un campo de batalla, corriendo cientos de metros en pos de un sitio donde le aguardan soldados armados con fusiles, ametralladoras, granadas y morteros, es simplemente suicida.

Uno de los primeros en caer muerto, víctima de su "brillante idea", fue el propio capitán Nevill. Muchos de sus subordinados correrían la misma suerte.
Al final del primer día, los británicos habían perdido casi sesenta mil hombres. Para cuando la batalla terminó, serían más de cuatrocientas mil las bajas que sufrirían. Sumados a los doscientos mil franceses y al medio millón de alemanes, la cuenta llega a más de un millón entre muertos, heridos y desaparecidos.

Si usted se pregunta qué pasó con las pelotas de fútbol, le diré que dos de ellas fueron encontradas en trincheras alemanas cuando la batalla finalizó. O por lo menos, eso dice la historia oficial británica. Por lo cual, tras la batalla se hizo una ceremonia, se premió a los dos pelotones con unos días de permiso y, seguramente, luego se mandó a esos hombres a la siguiente carnicería.
Porque, con fútbol o sin él, la carne de cañón es carne de cañón. Siempre.