lunes, 18 de abril de 2011

¿Debo confesar mi infidelidad?


"He sido infiel y no sé qué hacer... Por un lado creo que lo correcto es decírselo, pero por otro temo que la relación se estropee y se pierda toda la confianza entre nosotros..." C.G.

Según nos consultas, entiendo que te encuentras ante uno de los momentos realmente difíciles de manejar en la relación de pareja. Por un lado, sientes que te liberaría mucho poder compartir el “secreto” de tu infidelidad con tu pareja, y de esta forma relajar tu sentimiento de culpabilidad; pero, por otra parte, presientes que puede ser un precipitante de una ruptura entre vosotros.

Estas dudas que describes, se nos plantean con mucha frecuencia a los terapeutas de pareja para que intentemos servir de guía a aquellas personas que han sido infieles y no saben cómo conducirse en relación a su pareja. El núcleo del problema se centra en contestar a la siguiente pregunta: ¿Se debe contar a la pareja que hemos sido infieles, es positivo o contraproducente para la relación?

En principio, te diría que depende de la valoración que hagamos de varios factores importantes y, desde luego, partiendo de la base que nadie tiene la fórmula mágica que dé una solución perfecta a estos conflictos, porque cada cual debe de tomar sus propias decisiones. Lo que pretendo en estas líneas es aportar algunas ideas claves, basadas en mi experiencia clínica con muchas parejas, que te ayuden para aclarar tus dudas y poder tomar la decisión que te parezca más apropiada. Soy consciente que no es una tarea fácil y, por tanto, intentaré ser lo más precisa posible.

¿A qué tipo de infidelidad te estás refiriendo?

En principio, debes considerar y plantearte hasta dónde ha llegado la relación “extra” que has mantenido… ¿sigues con esa persona? o bien, es un asunto totalmente olvidado que no ha tenido importancia ni trascendencia emocional para ti.

Por el contenido de tu consulta, creo adivinar que te refieres a algún tipo de aventura sexual que en el presente ya no existe. Parece que es algo que ocurrió en el pasado y te estás planteando si es oportuno que tu pareja tenga conocimiento de esa relación.

¿Sigues manteniendo interés sexual y amor por tu pareja actual? Si realmente estás convencida de que tu pareja sigue mereciendo la pena debes intentar recomponer la situación. Tal como manifiestas con tus dudas, la infidelidad causa mucho dolor y supone una ruptura de la confianza que depositamos en nuestra pareja, pero esta situación no tiene porqué ser irreversible, ni tampoco desembocar necesariamente en una ruptura. Es más, en muchos casos hasta podría suponer un punto de partida para modificar aquellas cosas que no están funcionando en la relación.

A pesar de que para casi un 70% de nosotros - así lo manifiestan las encuestas- la fidelidad es un pilar fundamental de la relación de pareja, no es bueno identificar la satisfacción de pareja con el cumplimiento de la “exclusividad” sexual. La relación entre dos personas no es mejor ni más segura si se descuidan aspectos importantes de la pareja, aunque seamos fieles sexualmente. Tampoco debemos quitar importancia a la conducta infiel cuando entre dos personas existe un pacto de exclusividad afectiva y sexual.

La infidelidad, primera causa de ruptura

Entre las causas más frecuentes de ruptura de pareja se encuentra en primer lugar la infidelidad. Y si sabemos que es tan dañina para nuestra vida de pareja, ¿por qué somos infieles? Intenta contestar en tu caso a esta pregunta, sé honesta, y tal vez descubras que tienes carencias afectivas o sexuales en tu relación, o puede que otras cosas estén fallando….

Te aconsejo que hagas un análisis de las razones de tu conducta infiel. El objetivo no es culpabilizarte, lo importante es que comprendas tu comportamiento: ¿qué buscabas en la otra persona, tal vez algo que no encuentras en tu relación? ¿sólo ha sido por experimentar una situación nueva con alguien excitante? ¿Estás aburrida de la sexualidad con tu pareja?... Seguramente no hay una sola respuesta a estas preguntas y tu comportamiento ha sido el resultado de una mezcla de causas diversas.

La infidelidad nos asusta a todos y todas y normalmente cuando nos enteramos (de forma fortuita o porque nos lo cuenta nuestra pareja) nuestra reacción suele ser negativa. Aunque hay muchas formas de reaccionar según las personas -todas somos diferentes- también hay diferencias entre sexos… ¡Nuestra sociedad sigue siendo más tolerante con la promiscuidad masculina! Creo que no es necesario que citemos ejemplos para sustentar esta afirmación: hay miles.

Por último, si tu infidelidad es algo que forma ya parte de tu pasado y tienes claro que lo importante para ti es tu relación actual, ¿cuál es tu objetivo al contar la infidelidad a tu pareja? ¿Qué aporta de positivo esta revelación? ¿Es una información útil para vuestra relación? Solamente tú puedes responder a estas cuestiones y valorar qué es lo más adecuado para tu situación, pero no intentes aliviar tu culpabilidad contándoselo a tu pareja. Valora bien el sufrimiento que puedes ocasionar y si realmente tiene algún sentido dar a conocer esa información y si va a beneficiar a tu pareja.

Espero que la reflexión de estas líneas y las respuestas sinceras a las preguntas que te planteo, te ayuden a tomar tu decisión. Sé que no es una situación fácil y te deseo muchísima suerte con tu decisión.

domingo, 17 de abril de 2011

Relación a distancia


"La nuestra es una relación a distancia. Y cada vez me es más difícil mantener la pasión y de alguna forma la cercanía con él. Nos vemos de vez en cuando, pero ¿qué podría hacer para que lo nuestro siguiera funcionando?" Alicia

Sin lugar a dudas, las relaciones a distancia tienen sus complicaciones. Aunque hay personas que saben disfrutar del lado positivo de la situación y disfrutan mucho de este tipo de relaciones. Todo depende del color del cristal por donde se mire la realidad.
Me das muy pocos datos de vuestra relación y, por tanto, voy a intentar darte algunas claves generales que pueden funcionar en las relaciones a distancia en general.

En primer lugar, ¿cómo mantener viva la pasión cuándo una pareja se ve con poca frecuencia? Por regla general, a la pasión no le va mal una cierta distancia. Los amantes que se reencuentran después de un tiempo de separación, suelen encontrarse con mucho fuego y excitación en sus relaciones sexuales. Una dosis de privación del deseo sexual, suele avivar la pasión de la pareja. Ocurre como en otras pasiones de nuestra vida, una cierta inaccesibilidad y privación de aquello que deseamos lo convierte en algo más valioso. Por el contrario, lo habitual, lo cotidiano, la rutina, lo accesible a todas horas y en todo momento…suele ser un enemigo potente de la pasión. Parece que así funciona el deseo humano: la regla es que menos es más Para mantener vivas las pasiones es mejor no quedarse saciado, sino con ganas de más.

Por lo que cuentas, en vuestro caso la pasión se ha debilitado… ¿qué es lo que ha ocurrido en vuestra distancia? Lo importante no es la lejanía física, sino cómo la gestionamos. ¿Ponemos nuestra atención y mimo en la relación a distancia, o bien estamos distraídos con otros intereses? En ocasiones, poner tierra de por medio en una relación, ayuda a reflexionar sobre si realmente nos interesa, nos complace, nos llena y si estamos interesados en seguir con ella. En otros casos, la distancia nos reafirma más en la elección que hicimos, nos ayuda a valorar más lo que nos proporciona la relación y esa convicción nos hace trabajar en la relación para no perderla, ¿con qué situación te identificas? Obviamente no es lo mismo un caso que el otro.
Quieres seguir luchando por tu relación para que te funcione, buscas ayuda para que la pasión se reavive y me pides consejo. Voy a darte algunas pautas que creo te podrán ayudar en tu situación.
Empiezo comentándote que no hace falta que estéis juntos físicamente para disfrutar del sexo. Muchas parejas ante la imposibilidad de estar juntos, mantienen sexo a distancia. Disfrutan y tienen sus orgasmos sirviéndose del teléfono, de los mensajes, del chat o de la Web cam. Deja libre tu imaginación y utiliza estos recursos que tienes a tu alcance. Propónselo y empieza a tomar la iniciativa: excítale hablando por teléfono mientras se masturba y condúcelo con tu voz al orgasmo, luego pídele que haga lo mismo contigo.

Escribiros mensajes con contenido sexual o lleva un diario a modo de relato erótico para que él lo lea, pídele que el juego sea recíproco. Puedes empezar contándole o escribiéndole alguna de las fantasías más excitantes para ti y pedirle que él haga lo mismo. Inventa todo tipo de juegos eróticos que no necesiten vuestra presencia física, se trata de que la situación funcione a vuestro favor y no en vuestra contra.
Cuando tengáis encuentros físicos, reaviva vuestras relaciones sexuales contando con los deseos de tu amante… ¿qué tal sorprenderle con la realización de alguna de sus fantasías? Procura que vuestros escasos encuentros sean inolvidables para ambos, que dejen huella. Para ello, empieza a preparar vuestras relaciones íntimas antes de que éstas sucedan. Se trata de ir erotizando vuestra sexualidad y no hay nada más estimulante que ir alimentando el deseo y generando expectativas de alto contenido sexual.
Al mismo tiempo erotiza tu mente, lee literatura erótica e inspírate con películas que puedes encontrar en las jugueterías sexuales. Disfruta con ello y toma nota de ideas que funcionen para animar tus relaciones íntimas.
Ten siempre presente que el sexo está en el cerebro y no en los genitales. ¡Podéis disfrutar del sexo sin estar físicamente presentes! Utiliza tu mente y goza junto a tu pareja.

sábado, 16 de abril de 2011

John Stuart Mill


John Stuart Mill (1806-1873)

Filósofo y economista británico, hijo de James Mill; su obra causó gran impacto en el pensamiento británico del siglo XIX, no sólo en filosofía y economía sino también en las áreas de ciencia política, lógica y ética.

A Mill se le considera figura puente entre la inquietud del siglo XVIII por la libertad, la razón y la exaltación del ideal científico y la tendencia del XIX hacia el empirismo y el colectivismo. En filosofía, sistematizó las doctrinas utilitaristas de su padre y de Jeremy Bentham en obras como Utilitarismo (1836), donde defendía que el conocimiento descansa sobre la experiencia humana y ponía de relieve el papel de la razón humana. 

En economía política, Mill defendió aquellas prácticas que creía más acordes con la libertad individual, y recalcó que la libertad podía estar amenazada tanto por la desigualdad social como por la tiranía política, ideas que expuso en el que quizá sea el más famoso de sus ensayos, Sobre la Libertad (1859). Estudió las doctrinas socialistas premarxistas, y, aunque no llegó a ser considerado un socialista, luchó de forma muy activa por mejorar las condiciones de los trabajadores. 

En el Parlamento, Mill fue considerado un radical al defender medidas como la propiedad pública de los recursos naturales, la igualdad de las mujeres, la educación obligatoria y el control de natalidad. Su defensa del sufragio femenino en los debates sobre el Programa de Reformas de 1867 llevó a la formación del movimiento sufragista. Mill también investigó la causalidad, buscando una explicación en términos de principios empíricos. 

Entre sus numerosos escritos destacados figuran Principios de economía política (1848), Sobre la esclavitud de las mujeres (1869), Autobiografía (1873) y Tres ensayos sobre religión (1874).

¿Existe realmente el punto G?


Es verdad que actualmente vivimos en una sociedad mucho más abierta, tolerante y libre con respecto a la sexualidad. No podemos negar que manejamos más información sexual y que hablamos más de sexo, pero todavía es innegable que los temas de salud sexual no se tratan con la misma libertad que si habláramos del colesterol, hipertensión, hábitos cardiosaludables o cuidados en alimentación… ¿a qué no es igual? Hablar de ciertos temas sobre la sexualidad, y más de la femenina, todavía sigue siendo incómodo y despierta muchas emociones.

La ciencia no nos ha tratado igual a las mujeres que a los hombres, creo que en eso todas y todos estamos de acuerdo. Nuestra sexualidad ha sido objeto de debate y discusión durante siglos: ¿Tenemos las mujeres el mismo deseo sexual que los hombres? ¿Sabemos cómo es verdaderamente nuestro clítoris y dónde se encuentra? ¿Hay dos tipos de orgasmos, uno vaginal y otro clitoridiano? ¿Es normal que las mujeres nos masturbemos o sólo lo hacen algunas que están enfermas? ¿Existe la eyaculación femenina? …

En torno a nuestro cuerpo y sexualidad siempre hay más polémica, más prejuicios, más desinformación y más tabú que cuando tratamos de la sexualidad de los hombres. ¿Te imaginas que se especulara con respecto a su pene, sus eyaculaciones o erecciones?
¿Y ahora qué pasa con el punto G? ¿Cuál es el problema con este dichoso punto? ¿Existe o no?.. ¡Qué bien has formulado tu pregunta! Vamos a aclarar nuestras dudas…
Relativo a este asunto creo que lo más importante es aclarar que no se trata de un punto específico, sino de una zona eréctil de unos 25- 30 milímetros de diámetro. Este área eréctil, la zona G, cuando estamos excitadas aumenta de tamaño y es más fácil localizarla. Se haya situada bajo el hueso púbico, en la pared anterior de la vagina, a unos 3-5 centímetros de la entrada vaginal.

Si quieres localizar tu zona G, hazlo siempre cuando estés previamente excitada puesto que cuando te excitas esta zona aumenta su tamaño y sobresale como un tejido más rugoso en tu pared vaginal. Si quieres autoexplorarte tú sola, puedes hacerlo estimulando tu clítoris previamente y, cuando estés excitada, prueba a introducir tus dedos arqueándolos hacia arriba. Un truco: introduce tu dedo índice y anular como si fueras a indicar a alguien que se acerque. Tienes que explorar la pared vaginal que está en dirección a tu ombligo (pared anterior de la vagina).

A unos tres o cinco centímetros intenta encontrar un área que tiene una textura más rugosa que la de alrededor.

Mi recomendación es que empieces primero explorando y conociendo tu vagina. Introduce tus dedos en ella, toca y siente sus paredes. La vagina es un conducto muscular de entre 7,5 y 10 cm. de largo que comunica la vulva con el cuello del útero. La vagina tiene una enorme elasticidad y, cuando la mujer se excita, se lubrica, se hincha y se agranda para acoger al pene. La zona de mayor sensibilidad de la vagina se encuentra en el primer tercio exterior, en este área se hayan numerosas terminaciones nerviosas, incluido el punto G. Estimular éste área produce placer a muchas mujeres, explora y estimula tu zona G, para experimentar cuál es la reacción de tu cuerpo. Si lo obtienes enhorabuena, pero si no logras encontrar el área o si al estimular la zona no logras excitarte, olvídate y céntrate en otras zonas de tu cuerpo. Una advertencia: muchas mujeres al presionar esta zona sienten ganas de orinar, por lo que te recomiendo que vacíes tu vejiga antes de estimular tu zona G.

Para nosotras, las mujeres, lo importante no es que haya más o menos puntos G, H, V o Z…, sino que seamos capaces de conocer nuestro cuerpo eróticamente para poder disfrutar más de nuestra sexualidad solas o en compañía. Desde estas líneas siempre intento mandar el mensaje de que la sexualidad no sólo es genitalidad o coito, sino algo que implica a todo el cuerpo y que es responsabilidad nuestra conocerlo y explorarlo para poder disfrutar plenamente. Desde esta perspectiva, tenemos que pensar que la zona G es un área más a estimular en nuestro cuerpo para obtener placer y sentirnos bien con nuestro cuerpo. Espero haber aclarado tus dudas

viernes, 15 de abril de 2011

Máscaras sexuales


Desde que somos muy pequeños empezamos a crear un autoconcepto en torno a nuestra persona. Y, a lo largo de la vida, vamos creando máscaras y fachadas que nos ponemos para presentarnos de distintas maneras en diversos contextos y variadas situaciones. El ideal sería poder presentarnos del mismo modo en prácticamente todas las situaciones, que hubiera un hilo conductor y una coherencia entre lo que somos y lo que presentamos. Sin embargo, esto no siempre resulta fácil.

Es común ver cómo muchas personas cuentan con una personalidad distinta dependiendo de si están solas, acompañadas, con un grupo de personas, con otro... En la mayoría de los casos, esto no tiene demasiada relevancia porque no hay grandes diferencias entre una personalidad y otra. El problema surge cuando hay contrastes importantes entre la forma en que alguien se presenta con unas personas y con otras.

En el sexo, las máscaras que nos ponemos −o quitamos− son significativas y a veces sorprendentes. Podemos encontrar personas encantadoras que se vuelven tiranas en la intimidad. Y otras tímidas y retraídas que se crecen en las distancias cortas y sorprenden en la cama. En fin, que no siempre es lo que parece.

Por otra parte, lo más común es que una actitud amable resulte atractiva para un mayor número de personas. Es verdad que existen quienes huyen del trato amable y tienden a buscar parejas hostiles. Es como si les gustara la mala vida o como si necesitaran expiar alguna culpa −pero ése es otro tema−.

En términos generales, a la mayoría nos gusta que nos traten bien, amablemente y que tengan atenciones hacia nosotros y de esa forma solemos presentarnos a los demás. Es cierto, que desde el momento, en que se intenta ligar se pone la expresión más agradable. El querer relacionarnos ofreciendo nuestra mejor cara es algo comprensible. Sin embargo, algunas personas utilizan estas artimañas alevosamente con el fin de engañar y para conseguir sus objetivos usan y abusan de máscaras hipócritas.

¿Eres consciente de tus máscaras de seducción? ¿Qué papel te gusta representar? ¿Te has visto sorprendido por los bruscos cambios de personas que usan mascaras en sus relaciones? ¿Crees que todo el mundo utiliza mascaras? ¿Crees que las máscaras son necesarias?