viernes, 11 de abril de 2014
EL TE VERDE AYUDA AL CEREBRO
Aparte de ser bueno para combatir el sobrepeso, el cáncer, las enfermedades cardíacas, la diabetes tipo 2 o para envejecer mejor, entre las múltiples propiedades beneficiosas del té verde, ahora, un estudio ha concluido que mejora de nuestras funciones cognitivas del cerebro, concretamente de la memoria de trabajo, aquella que implica los procesos usados para la memoria a corto plazo y la manipulación de la información.
Los resultados del trabajo, que han sido publicados en la revista Psychopharmacology, revelan que las propiedades antioxidantes del té verde aumentan la conectividad entre la corteza frontal y parietal del cerebro. Para llegar a esta conclusión los investigadores realizaron un estudio con 12 voluntarios sanos con una edad media de 24 años. La mitad de los participantes recibió una bebida basada en leche que contenía 27,5 gramos de extracto de té verde; la otra mitad recibió la misma bebida, pero sin el té. Ninguno de los participantes sabía qué contenía la bebida que les habían ofrecido para el estudio.
Tras esto, los integrantes del estudio llevaron a cabo una serie de tareas relacionadas con la memoria mientras su actividad cerebral era analizada mediante resonancia magnética. El examen de los resultados determinó que los participantes que habían consumido la bebida con té mostraron una mayor conectividad entre el lóbulo parietal superior derecho y la corteza frontal del cerebro, ambos asociados a un mejor desempeño de las tareas relacionadas con la memoria de trabajo.
Según los expertos, este estudio, llevado a cabo por investigadores del Hospital Universitario de Basilea (Suiza), demuestra que el té verde también podría ser una herramienta prometedora en el tratamiento del deterioro cognitivo asociado a trastornos neuropsiquiátricos como la demencia.
LEGUMBRES PARA EL CEREBRO
Garbanzos, alubias, lentejas o guisantes pueden mantenernos alejados del colesterol malo (LDL) con sólo una porción al día, según un nuevo estudio publicado en la revista Canadian Medical Association Journal.
El trabajo, desarrollado por un equipo de expertos del Centro de Nutrición Clínica y Modificación de Factores de Riesgo del Hospital St. Michael (Canadá) afirma que comer unos 130 gramos de legumbres diarias nos ayudarán a reducir en un 5% el colesterol malo y, por tanto, a minimizar también el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Los investigadores analizaron 26 ensayos controlados aleatorios con una muestra total de 1.037 personas. Los resultados determinaron el papel positivo de las legumbres en la dieta diaria de cara a la disminución del LDL, así como una diferencia palpable en la reducción del colesterol malo entre hombres y mujeres. Los hombres registraron una mayor reducción que las mujeres, probablemente porque éstos suelen llevar una dieta más pobre y alta en colesterol que las féminas.
“Las legumbres ya desempeñan un papel importante en muchas cocinas tradicionales, incluyendo la del Mediterráneo y del sur de Asia. Además, son de bajo costo. Dado que muchas legumbres se cultivan en América del Norte, es también una oportunidad comprarlas en la zona y apoyar a los agricultores”, afirma John Sievenpiper, coautor del estudio.
AREA CEREBRAL DEL JUEGO IDENTIFICADA EN EL CEREBRO
Un reciente estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences apunta que la hiperactividad en la ínsula, un área del cerebro relacionada con el desarrollo de las emociones, favorece la aparición de errores de juicio frecuentes entre los adictos al juego.
A menudo, estos padecen distorsiones cognitivas que les impiden percatarse de las auténticas posibilidades que tienen de ganar o perder. Por ejemplo, estas personas se sienten animadas a seguir jugando cuando creen que han errado en una apuesta por poco, aunque, en realidad, no haya diferencia entre fallar por poco o por mucho.
Esta percepción se aprecia también en la denominada falacia del jugador: quienes la experimentan creen que tras una serie de resultados fallidos inevitablemente se producirá un acierto, aunque no tenga por qué ser así.
Durante la investigación, coordinada por Luke Clark, del Departamento de Psicología de la Universidad de Cambridge, se pidió a varios individuos que habían sufrido daños en distintas áreas de los sesos, como la amígdala, la corteza prefrontal ventromedial o la ínsula, que jugaran a una ruleta y con una máquina tragaperras especialmente preparada para que mostrara resultados premiados y aproximaciones.
Mediante técnicas de neuroimagen, los expertos observaron que solo aquellos cuya ínsula se encontraba afectada no mostraban la mencionada tendencia a seguir apostando cuando no acertaban “por poco”. Estos eran también los menos propensos a dejarse llevar por la falacia del jugador.
En opinión de estos científicos, todo ello sugiere que la actividad en la ínsula está íntimamente relacionada con las distorsiones de juicio que se dan entre los ludópatas. “En el futuro, las terapias encaminadas a tratar la adicción podrían intentar reducir la hiperactividad en esta zona, ya sea mediante fármacos o técnicas psicológicas”, destaca Clark.
ALTERACION DE LA MEMORIA DURANTE EL SUEÑO
A pesar de que el sentido del olfato pueda parecernos intuitivo, casi automático, es una de las primeras cosas que fallan en los trastornos neurodegenerativos (alzhéimer, parkinson, etc) y ahora un equipo de investigadores del NYU Langone Medical Center (EEUU) ha descubierto que la memoria de los olores específicos es de la que depende la capacidad del cerebro para aprender, procesar y recordar con precisión durante la fase de sueño profundo.
Los investigadores realizaron un experimento con ratas que demostró que su memoria olfativa se fortalecía cuando los olores detectados el día anterior se repetían durante el sueño. Para llegar a esta conclusión el equipo de científicos entrenó a un grupo de ratas para que reconocieran los olores a través del condicionamiento. Así, descubrieron que cuando se producía un refuerzo de olor durante el sueño, los recuerdos de las ratas se hicieron más profundos incluso que cuando estaban despiertas. Por el contrario, cuando las ratas fueron expuestas durante el sueño a un patrón de olor que no conocían, acabaron con recuerdos falsos de muchos olores diferentes.
“Nuestros resultados confirman la importancia de la actividad cerebral durante el sueño para la fuerza y la precisión de la memoria; creemos que durante el sueño de ondas lentas, las neuronas del cerebro se comunican entre sí, y al hacerlo, fortalecen sus conexiones, lo que permite el almacenamiento de información específica”, afirma Donald A. Wilson, profesor en los departamentos de Psiquiatría Infantil y Adolescente y Neurociencia y Fisiología de Langone y autor principal del estudio.
Este descubrimiento, publicado en la revista Journal of Neuroscience, es el primero en demostrar que la precisión de la memoria se ve alterada durante el sueño de onda corta.
LA CALIDAD DEL SUEÑO ES SALUD
El buen estado de nuestra salud depende, además de otros factores, de un descanso adecuado. Para estar alertas y activos durante la mañana no necesitamos tomar café, basta un sueño reparador de calidad.
Lo conseguimos si logramos conciliarlo sin dificultad, sin interrumpirlo varias veces durante la noche y despertamos a la hora acostumbrada. Así, cubrimos nuestro requerimiento y nos levantamos con energía para comenzar una nueva jornada, explicaron especialistas del Laboratorio de Trastornos del Dormir de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM y del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ), en México.
Para tener una buena noche es necesario acostarse y levantarse a la misma hora, con la luz apagada y tener un dormitorio cómodo, así como evitar la cafeína, nicotina, alcohol y sustancias ilícitas, entre otras.
También depende del estado de ánimo, estilo de vida y salud física, subrayaron Montserrat Reséndiz García, Matilde Valencia Flores, Victoria Santiago Ayala y Guillermo García Ramos, en ocasión del Día Mundial del Sueño, que se conmemora este 14 de marzo.
En contraste, malos hábitos como fumar, tomar más de seis tazas de café o té; beber seis vasos de refrescos de cola al día, consumir de manera regular alcohol, vivir bajo estrés, la falta de actividad física, gozar de menos de dos semanas de vacaciones por año, mantener relaciones personales conflictivas, trabajar más de 10 horas al día o más de seis días a la semana y la falta de tiempo para la recreación y la diversión, pueden afectar la calidad del sueño, advirtieron.
“¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué es la vida? Una ilusión, /una sombra, una ficción, /y el mayor bien es pequeño;/ que toda la vida es sueño,/ y los sueños, sueños son”, escribió Pedro Calderón de la Barca en 1635 acerca de dos interrogantes que han provocado insomnio a generaciones de científicos, filósofos, escritores y religiosos de diferentes latitudes y culturas: ¿qué es el sueño? y ¿para qué o por qué dormimos?
La teoría más antigua que se ha podido documentar se atribuye al filósofo y médico griego Alcmeón (500-450 A.C), que lo definía como una pérdida de la conciencia producida por el flujo de la sangre del cerebro a todo el cuerpo.
En 2005, los científicos Giulio Tononi y Chiara Cirelli, de la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos, publicaron el artículo Sueño y homeostasis sináptica, en el que plantean que mientras dormimos se debilitan las conexiones entre las células cerebrales para ahorrar energía, evitar el estrés celular y mantener la capacidad de las neuronas para responder selectivamente a los estímulos.
Así se restaura al cerebro, que integra el material recién aprendido mediante la consolidación de diferentes tipos de memorias. Al despertar, tenemos nuevas herramientas para enfrentar el día.
Para celebrar la efeméride, la Asociación Mundial de Medicina del Dormir (WASM, por sus siglas en inglés) propone el lema “Cuerpo sano con sueño reparador y respiración estable”, con el objetivo de abordar sus aspectos médicos, educativos y sociales, a fin de disminuir los trastornos a través de la prevención y tratamiento.
La falta de descanso o una pobre calidad al respecto tienen consecuencias negativas en nuestra salud a corto, mediano y largo plazos. Al conjunto de alteraciones relacionadas con estos problemas se les conoce como trastornos del sueño, que en los niños afectan el desarrollo cognitivo y de aprendizaje, causan problemas de conducta, cambios del ánimo, una secreción anormal de la hormona del crecimiento y un aumento en la presión diastólica.
La interrupción intermitente y persistente de la respiración mientras dormimos, conocida como apnea, es uno de los trastornos más frecuentes entre la población. Afecta desde recién nacidos, hasta adultos mayores.
Al fragmentar el descanso se causa somnolencia diurna y fatiga. Sin tratamiento, puede llevar a complicaciones cardiacas como hipertensión arterial sistémica, isquemia y eventos cerebro-vasculares.
Es más frecuente en hombres que en mujeres, aunque la prevalencia se iguala en el momento que ellas entran en el periodo de la menopausia. La obesidad es el factor de riesgo principal para presentarla, además del consumo de alcohol, tabaco y medicamentos sedantes. Entre otros factores, también se ha relacionado con alteraciones anatómicas de la vía aérea superior (VAS).
El tratamiento de primera elección es la aplicación de presión positiva en la VAS por medio de una mascarilla. En ciertos casos, los pacientes con alteración anatómica pueden ser candidatos a resolverla con cirugía.
La privación de sueño altera el equilibrio de diversas hormonas, incluidas las que regulan el apetito: eleva la secreción de cortisol y provoca el incremento de los niveles de insulina después de consumir alimentos. Al regular la glucosa y promover el almacenamiento de grasa, los niveles más altos de insulina están asociados a un aumento de peso corporal.
En adultos, se ha descrito que las personas que duermen menos de seis horas son mucho más propensas a subir de peso. Al conjuntarse con otros factores, como la ingesta de alimentos en exceso, falta de ejercicio y predisposición genética, incrementa el riesgo de padecer ciertas enfermedades metabólicas y cardiovasculares.
Ante cualquier trastorno, es necesario acudir con un especialista para obtener el mejor beneficio al implementar nuevos hábitos, no obstante, las medidas generales encauzadas a lograr una higiene adecuada del sueño son cruciales para tener un descanso reparador y sin alteraciones.
Entre otras, dormir las horas necesarias, de acuerdo a la necesidad individual (la mayoría requiere entre siete y ocho); acostarse y levantarse a la misma hora; no tomar siestas de más de 30 minutos ni después de las cuatro de la tarde.
Además, evitar actividades en la cama como ver televisión, leer, estudiar, comer, navegar por Internet o utilizar teléfonos celulares, dispositivos, computadoras o videojuegos, asimismo, no beber café, refrescos de cola, bebidas energizantes, chocolate, alcohol, demasiados líquidos ni fumar tres horas antes de ir a dormir.
Para los niños de hasta 12 años, los especialistas recomendaron establecer un horario regular tanto de sueño como de alimentación, una rutina consistente para ir a la cama (de preferencia antes de las nueve de la noche) y tener una siesta programada de acuerdo a su edad.
Antes de acostarse realizar ejercicio vigoroso y evitar el consumo de comidas pesadas y de cafeína (refrescos de cola, café o té). Las habitaciones de los menores deben ser confortables, silenciosas y sin luz brillante a la hora de ir a la cama, pero deben permitir la exposición a la luz durante la mañana. (Fuente: UNAM/DICYT)
SINDROME DE FATIGA CRONICA E INFLAMACION DEL SISTEMA NERVIOSO
Mediante el uso de tomografía por emisión de positrones, unos científicos han comprobado que los niveles de neuroinflamación, o inflamación del sistema nervioso, son más altos en pacientes con el síndrome de fatiga crónica que en personas sanas.
Dicho síndrome es una enfermedad incapacitante caracterizada por una fatiga crónica, profunda e inhabilitante. Por desgracia, no se comprenden bien sus causas.
La idea de que la inflamación de las células nerviosas puede ser una causa de la enfermedad no es nueva, pero desde que se propuso por vez primera ha carecido de evidencias claras que la respalden. Ahora, la situación puede que cambie de manera sustancial, ya que en este nuevo estudio, clínicamente importante, unos investigadores del Instituto RIKEN, la Universidad de la Ciudad de Osaka, y la Universidad Kansai de Ciencias del Bienestar, todas estas entidades en Japón, han encontrado que efectivamente los niveles de los marcadores de neuroinflamación son altos en los pacientes con síndrome de fatiga crónica, en comparación con los sujetos sanos del grupo de control.
Los autores del estudio también hallaron elevada la inflamación en ciertas áreas del cerebro, concretamente la corteza cingulada, el hipocampo, la amígdala, el tálamo, el mesencéfalo y el puente troncoencefálico, de una manera que se correlacionaba con los síntomas, de tal modo que, por ejemplo, los pacientes que tenían la cognición deteriorada tendían a mostrar neuroinflamación en la amígdala, que se sabe está implicada en las funciones cognitivas. Esto proporciona pruebas claras de la asociación entre la neuroinflamación y los síntomas experimentados por pacientes con síndrome de fatiga crónica.
La investigación realizada por el equipo del Dr. Yasuyoshi Watanabe, del Instituto RIKEN, podría llevar a una mejor diagnosis y finalmente al desarrollo de nuevas terapias para proporcionar alivio a las muchas personas de todo el mundo que se ven afectadas por esta enfermedad.
CONTROL DE NEURONAS MOTORAS POR LUZ
Se ha conseguido desarrollar un nuevo modo de controlar artificialmente músculos utilizando luz. El método tiene el potencial de restaurar el funcionamiento de músculos que están paralizados por problemas como una enfermedad en las neuronas motoras o una lesión en la médula espinal.
La técnica, que es obra de científicos del University College de Londres y del King’s College de la misma ciudad británica, se basa en neuronas motoras especialmente diseñadas, creadas a partir de células madre. Estas neuronas, que se trasplantan a ramificaciones de nervios dañadas, están diseñadas para reaccionar ante pulsos de luz azul, permitiendo a los científicos afinar el control muscular mediante ajustes de la intensidad, la duración y la frecuencia de dichos pulsos.
El equipo de Linda Greensmith e Ivo Lieberam, del University College de Londres, ha demostrado el método en ratones en los cuales estaban dañados los nervios que gobiernan los músculos de las patas traseras. Estos investigadores consiguieron que las neuronas motoras trasplantadas y derivadas de células madre crecieran a lo largo de los nervios dañados, conectándose con éxito a los músculos paralizados, los cuales pudieron a partir de entonces ser controlados por pulsos de luz azul. Así, los músculos de las patas previamente paralizados empezaron a funcionar.
Esta estrategia tiene importantes ventajas sobre técnicas existentes que utilizan electricidad para estimular los nervios, algo, esto último, que puede ser doloroso y a menudo resulta en una rápida fatiga muscular.
Los músculos normalmente son controlados por neuronas motoras, células nerviosas especializadas dentro del cerebro y la médula espinal. Estas neuronas reenvían señales desde el cerebro a los músculos para propiciar funciones motoras como caminar, ponerse de pie e incluso respirar. Sin embargo, las neuronas motoras pueden resultar dañadas por ciertas enfermedades neurológicas o después de traumatismos en la médula espinal, causando una pérdida permanente de función muscular que desemboca en parálisis.
Esta nueva técnica representa un medio de restaurar la función de músculos específicos después de daños o enfermedades neurológicas paralizantes.
Durante los próximos cinco años, más o menos, el equipo de Greensmith espera llevar a cabo los pasos necesarios para trasladar este novedoso método a ensayos clínicos con humanos, para desarrollar potencialmente tratamientos para pacientes con determinadas enfermedades de las neuronas motoras, muchos de los cuales acaban por perder la habilidad de respirar, ya que los músculos de su diafragma se paralizan de forma gradual. La idea es usar la nueva técnica para crear una especie de marcapasos óptico para el diafragma, a fin de mantener debidamente la respiración de estos pacientes.
En las labores de investigación y desarrollo también han trabajado Carolina Barcellos Machado, Martin Crossley, Danielle Stevenson y Juan Burrone, del King’s College, así como J. Barney Bryson y Virginie Bros-Facer, del University College de Londres.
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