Salir a buscar grandes tiburones blancos en un bote hinchable semirrígido, si lo pensaran bien los que lo hacen, no parece la mejor idea, porque puede pasar lo que se ve en el video... y claro, luego a correr hacia la costa antes de que la situación se ponga seria de verdad.
Para mí que los tiburones tienen más sentido del humor del que pensamos... :)
sábado, 10 de mayo de 2014
viernes, 9 de mayo de 2014
QUE ES LA KETAMINA?
La ketamina es un agente anestésico no volatil que se introdujo en la práctica clínica en el año 1970. Hoy se utiliza frecuentemente como agente de inducción en pacientes pediátricos. La ketamina es un derivado liposoluble de la fenciclidina.
Los mecanismos de acción de la ketamina a nivel molecular permanecen desconocidos. La ketamina parece deprimir selectivamente la función normal de asociación del cortex y tálamo, mientras aumenta la actividad del sistema límbico. Se sugiere un mecanismo que involucra a los receptores opiáceos por la reversión de los efectos de la ketamina por la naloxona. También pueden estar involucrados los receptores de la serotonina, noradrenalina, y muscarínicos de la acetilcolina.
La ketamina es un potente agente hipnótico y analgésico. La ketamina produce un estado de inconsciencia llamado "anestesia disociativa" caracterizado por el mantenimiento de los reflejos (p.e. de la tos y corneal) y movimientos coordinados pero no conscientes. Los pacientes anestesiados con ketamina frecuentemente se quedan con los ojos abiertos y parecen estar en un estado cataléptico. La analgesia que produce es profunda pero la amnesia puede ser incompleta. La ketamina produce un aumento importante de la presión imtracraneal, flujo sanguíneo cerebral, metabolismo cerebral de O2 y presión intraocular. El efecto de la ketamina sobre el sistema cardiovascular se manifiesta por un aumento de la presión arterial sistólica de 20-40 mmHg, aumento de la frecuencia cardiaca, gasto cardiaco y consumo de 02. También se elevan las resistencias vasculares pulmonares. Estos efectos son secundarios a un aumento de la actividad simpática. La ketamina tiene paradojicamente un efecto depresor miocárdico directo que puede llegar a ser clínicamente evidente en pacientes en estado crítico (p.e. en pacientes hipovolémicos traumatizados, o pacientes con permanencia prolongada en UCI). La repetición de las dosis produce progresivamente menor estimulación hemodinámica con cada dosis. La ketamina tiene un efecto mímimo sobre la función respiratoria, aunque una apnea transitoria (duración < 5 min.) puede verse después de administrar dosis de intubación. La ketamina es un relajante del músculo liso bronquial que mejora la compliancia pulmonar en pacientes anestesiados.
Después de un bolus IV, la ketamina produce anestesia quirúrgica en 30-60 segundos. El despertar aparece en 10-15 minutos. La inconsciencia aparece dentro de los 5 minutos de la inyección IM con un efecto pico que aparece después de 20 minutos. Una dosis oral produce máxima sedación en 20-45 minutos.
La ketamina se utiliza como agente inductor IV. Es particularmente útil en pacientes hipovolémicos, con taponamiento cardiaco, o en pacientes con enfermedades congénitas cardiacas con shunt derecha izquierda. La ketamina puede ser también útil en pacientes con enfermedad bronquial reactiva severa debido a su efecto broncodilatador. La ketamina es particularmente útil como agente de inducctor en niños por producir menos delirio que en los adultos (ver más adelante). También es útil porque puede ser administrada como agente inductor por vía intramuscular en pacientes no cooperantes. La ketamina puede producir sedación consciente en pacientes pediátricos que van a someterse a procedimientos menores como curas o cambios de apósitos, desbridamiento de heridas, o estudios radiológicos. La ketamina puede producir una excelente analgesia sin depresión respiratoria para estos procedimientos.
Debido a la capacidad de aumentar la presión intracraneal, la ketamina no se utiliza en pacientes con aumento de la presión intracraneal o en pacientes con lesiones intracraneales de masa. Asimismo, los pacientes con lesiones oculares abiertas no deberían recibir ketamina debido a su capacidad para aumentar la presión intraocular. La ketamina está contraindicada en pacientes con enfermedad coronaria o en pacientes con hipertensión pulmonar. En pacientes con deplección de catecolaminas (p.e. en pacientes con enfermedades críticas prolongadas), el efecto cardiodepresor de la ketamina puede manifestarse y por esta causa no debe utilizarse en estas circunstacias. Las alteraciones psiquiátricas son una contraindicación relativa del uso de la ketamina.
El efecto adverso más destacado que aparece por el uso de la ketamina es un fenómeno conocido como delirio de emergencia. Este ocurre después de algunas horas de la anestesia con ketamina y se manifiesta con confusion, ilusiones y temor. La incidencia de estas reacciones en adultos es del 10-30%, pero es mucho más bajo en la población pediátrica (edad < 16 años). Las grandes dosis de ketamina se asocian con una mayor incidencia de reacciones. El uso repetido de la ketamina produce progresivamnete menos reacciones. Las mujeres y los pacientes con historia de alteraciones psiquiátricas tienen más probabilidad de experimentar el delirio. Las benzodiazepinas se utilizan para disminuir la frecuencia y la severidad de estas reacciones. El lacrimeo y excesiva salivation son efectos secundarios comunes por el uso de la ketamina. Puede desarrollarse tolerancia a los efectos hipnóticos de la ketamina después del uso repetido en cortos periodos de tiempo (p.e. cuando se utiliza diariamente para curas). La ketamina no se conoce que produzca hipertermia maligna ni sea potencialmente liberador de histamina.
La ketamina potencia el efecto de los agentes relajantes neuromusculares no depolarizantes. Cuando se utiliza con halotano la ketamina puede producir hipotensión. Los agentes inhalatorios prolongan la duración de la acción de la ketamina. Puede aparecer apnea cuando la ketamina se administra con un opiáceo.
La ketamina puede administrarse IV, IM, rectal, u oralmente. La dosis normal de inducción es de 0.5-2.0 mg/kg IV o 4-10 mg/kg/IM. Para el mantenimiento de la anestesia se utiliza a dosis de 30-90 mg/kg/min, y a dosis de 10-20 mg/kg/min para producir sedación consciente. Las dosis deben ser reducidas en pacientes ancianos. La ketamina está disponible en una solución acuosa de 10 mg/ml, 50 mg/m,. La keetamina es compatible con el suero salino o soluciones de dextrosa. La ketamina es administrada normalmente en unión de una benzodiazepiana para reducir la incidencia y severidad de las reacciones de delirio. La administración anterior de benzodiazepinas o N2O puede disminuir los efectos estimulantes cardiovasculares de la ketamina. La ketamina se da con frecuencia conjuntamente con un antisialagogo.
jueves, 8 de mayo de 2014
Canarias: el tiburón como reclamo turístico
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| Fuente: La Provincia |
Parece que por fin se van dando cuenta de que el tiburón ofrece más rendimiento económico vivo que muerto.
Gracias a la "Alianza por los Tiburones de Canarias" y al apoyo del Ayuntamiento de Agüimes se está celebrando en estos días en el sur de Gran Canaria una muestra de cine submarino compuesta por seis cortometrajes.
Uno de ellos: 'Bajo las aguas de Arinaga', de Daniel Ramírez, muestra las posibilidades de practicar el buceo en la playa de El Cabrón y muestra a esta actividad en la zona como una nueva oportunidad para ofrecer al mercado turístico.
El avistamiento del pacífico tiburón angelote (Squatina squatina), constituye una joya marina de fácil apreciación en la playa de El Cabrón o en el Rico Verde para los amantes del submarinismo, según se aprecia en el cortometraje mencionado.
Fuente: La Provincia
miércoles, 7 de mayo de 2014
LEER LA MENTE DE PACIENTES EN COMA
"Imagine que se despierta dentro de una caja. Está hecha a su medida, de la cabeza hasta los pies. Es una caja extraña porque puede escuchar absolutamente todo lo que pasa a su alrededor; y, sin embargo, su voz no puede oírse".
Así describe Adrian Owen, de la Universidad de Western Ontario, en Canadá, a la persona en estado de coma, una condición que intriga y fascina a especialistas en todo el mundo.
Las personas en "estado vegetativo" están despiertas aunque inconscientes. Sus ojos pueden abrirse y a veces vagar. Pueden sonreír, agarrar la mano de otra persona, llorar, gemir o gruñir. Pero son indiferentes a un aplauso, incapaces de ver o de entender el habla. Sus movimientos no son intencionales, sino reflexivos. Parecen haber perdido sus recuerdos, sus emociones y sus intenciones, esas cualidades que hacen que cada quien sea un individuo.
Sin embargo, cuando sus ojos parpadean, uno siempre se queda pensando si existe un atisbo de conciencia.
Hace una década, la respuesta habría sido un sombrío y enfático no. Ya no.
Con la ayuda de escáneres cerebrales, Owen descubrió que algunas personas atrapadas dentro de sus cuerpos todavía pueden pensar y sentir en distintos grados.
Hoy en día, mentes atrapadas, deterioradas y disminuidas habitan en clínicas y casas de reposo de todo el mundo. Solo en Europa se calcula que el número de nuevos casos de coma es de aproximadamente 230.000 al año, de los cuales unos 30.000 van a languidecer en un persistente estado vegetativo.
Owen lo sabe muy bien. En 1997, una amiga cercana iniciaba su habitual rutina de ir al trabajo. Anne (nombre ficticio) tenía un punto débil en un vaso sanguíneo de la cabeza, conocido como aneurisma cerebral. A cinco minutos del viaje se produjo la ruptura del aneurisma y se estrelló contra un árbol. Nunca recuperó la conciencia.
La tragedia de Anne forjaría el resto de la vida de Owen. Comenzó a preguntarse si podía determinarse cuáles de estos pacientes se encontraban en un estado de coma inconsciente, cuáles conscientes y cuáles en algún punto intermedio.
Ese año, se había trasladado a la Unidad de Ciencias Cerebrales y Cognición del Medical Research Council en Cambridge, donde los investigadores utilizaban varias técnicas de exploración cerebral que, pensó, podrían ser útiles para comunicarse con pacientes que, como su amiga, estuvieran atrapados entre la sensiblidad y el olvido.
Hace medio siglo, si el corazón de una persona dejaba de latir, podía ser declarado muerto a pesar de que era posible que hubiera estado totalmente consciente mientras el médico lo enviaba a la morgue.
En 2011, un consejo de la provincia de Malatya, en el centro de Turquía, anunció que había construido una morgue con un sistema de alerta y puertas de refrigeración que se podían abrir desde el interior.
El problema radica en que la definición científica de "muerte" sigue sin resolverse, así como también la definición de "conciencia". Estar vivo ya no está relacionado con tener un corazón palpitante, explica Owen.
Si tengo un corazón artificial, ¿estoy muerto? Si usted se encuentra en una máquina de respiración asistida, ¿está muerto? ¿La imposibilidad de mantener vida independiente es una definición razonable de muerte? No: si fuera así, todos estaríamos "muertos" durante los nueve meses antes del nacimiento.
Estos pacientes aparecieron por primera vez en la década de 1950 con la creación del respirador artificial en Dinamarca. El invento redefinió el final de la vida en términos de la idea de la muerte cerebral y dio pie al concepto del estado "vegetal".
Pero el tema se torna más complejo cuando consideramos a las personas atrapadas en los diferentes mundos crepusculares entre la vida normal y la muerte. Desde mediados del siglo XX diferentes investigadores han desarrollado conceptos para describir estos estados, desde aquellos en que la persona está consciente pero no puede moverse ni hablar, hasta aquellas que se mueve por reflejo, o las que muestran signos erráticos de conciencia.
En los años 90, mientras trabajaba en un centro de investigación del sur de Bélgica, el científico Steven Laureys hizo un descubrimiento sorprendente: sonidos significativos producían un cambio en el flujo de sangre dentro de las cortezas auditivas primarias del cerebro.
Al otro lado del Atlántico, Nicholas Schiff descubría que dentro de los cerebros lesionados había regiones que funcionaban de forma parcial, grupos de actividad neuronal remanente.
En aquel entonces, los médicos creían que ningún paciente en estado vegetativo persistente era consciente. La persona estaba simplemente muerta en vida.
Owen, Laureys y Schiff proponían replantear la situación de algunos pacientes en estado vegetativo. Algunos de ellos podrían incluso clasificarse como conscientes plenamente y encerrados. Pero el sistema se opuso tenazmente.
Luego llegó la paciente Gillian (nombre ficticio). En 2005, esta joven de 23 años de edad, hablaba por teléfono cuando cruzaba una carretera. Fue golpeada por dos autos. Por entonces, Owen y Laureys buscaban una manera de comunicarse con pacientes en estado vegativo.
Un estudio anterior les dio la clave que necesitaban: un experimento en el que habían pedido a voluntarios sanos que se imaginaran haciendo distintas cosas, como cantar o evocar la cara de su madre.
"Tuve una corazonada. Le pedí a un control sano que se imaginara jugando al tenis. Luego le pedí que se imaginara recorriendo las habitaciones de su casa", explica Owen.
Cada una de estas imágenes activa áreas totalmente distintas del cerebro, generando patrones tan distintos como un "sí" y un "no", que pueden observarse a través de imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI, por sus siglas en inglés). Por lo tanto, si a las personas se les pedía que se imaginaran jugando al tenis para el "sí" y caminando por la casa para el "no", podían, técnicamente, contestar preguntas.
Owen le pidió a Gillian que imaginara las mismas cosas y observó patrones de activación sorprendentemente similares a los de los voluntarios sanos. Podía leer su mente.
El caso de Gillian, publicado en la revista Science en 2006, ocupó los titulares de todo del mundo. El resultado provocó asombro y, por supuesto, incredulidad.
"Recibí dos tipos de correo electrónico de mis compañeros: 'Es asombroso, ¡buen trabajo!' o '¿Cómo usted puede decir que esta mujer está consciente?'".
Los escépticos respondieron que no era correcto hacer estas "deducciones radicales".
Daniel Greenberg, psicólogo de la Universidad de California, en Los Ángeles, sugirió que "la actividad cerebral fue provocada de forma inconsciente por la última palabra de las instrucciones".
Parashkev Nachev, neurólogo de la University College London, dice que se opuso al documento de Owen no por motivos de inverosimilitud ni por un análisis estadístico defectuoso, sino debido a "errores de inferencia".
Aunque un cerebro consciente, al imaginar el tenis, provoca un determinado patrón de activación, no quiere decir necesariamente que el mismo patrón de activación implique conciencia.
Nachev dice que la misma área del cerebro puede activarse en muchos casos con o sin ningún correlato consciente.
Un estudio de seguimiento de Owen, Laureys y sus colegas, publicado en 2010, evaluó a 54 pacientes con diagnóstico clínico de estado vegetativo o de mínima conciencia. En él se descartó que las reacciones en el cerebro de pacientes como Gillian se deba a comportamientos reflejos.
Estos expertos consideran que las activaciones persisten mucho tiempo como para que no sea más que una intención.
Owen agradece a sus críticos. Lo estimularon, por ejemplo, a desarrollar un método deformulación de preguntas que sólo los pacientes sabrían responder. "No es posible comunicarse de forma inconsciente, simplemente no es posible. Ganamos esa discusión".
Para el estudio de 2010, el equipo de Laurey le hizo a un paciente del grupo de 54 una serie de preguntas de sí o no. Era el procedimiento habitual: imagínese jugando al tenis para el sí, recorriendo la casa para el no.
Un paciente en Bélgica, en estado vegetativo durante cinco años, fue capaz de contestar cinco de las seis preguntas sobre su vida anterior, y todas ellas fueron correctas.
"Al mostrarnos que estaba consciente y despierto, el paciente se trasladó a sí mismo de la categoría de 'no resucitar' a la categoría de 'no dejar morir'. ¿Salvamos su vida? No. Él salvó su propia vida", agrega.
Nachev no ha cambiado su punto de vista sobre el trabajo de Owen y explica la razón de su inquietud en un documento más detallado publicado en 2010. "Me resulta bastante desagradable todo el circo mediático que rodea el tema. Los familiares de estos pacientes ya están de por sí bastante angustiados".
Laureys, Owen y Schiff pasan mucho tiempo con las familias y dicen comprenderlas muy bien. Owen contesta que, basado en su experiencia en el trato con las familias, ellas se sienten agradecidas de que los médicos y los científicos se interesen y estén haciendo todo lo que pueden.
El arte de la lectura de la mente se está perfeccionando cada vez más. Sin embargo, quedan muchas cuestiones por resolver. Después del diagnóstico inicial, se hace relativamente poco esfuerzo para explorar de manera sistemática la función cerebral en estos pacientes, dice Schiff. Otras limitaciones son causadas por el uso de medicamentos durante los ensayos o por la enorme diversidad de pacientes.
Pero se están desarrollando alternativas más convenientes. Laureys estudia la dilatación de la pupila, relacionada con el pensamiento (cuánto más amplia la pupila, mayor es la excitación emocional del paciente, mientras que las dilataciones más sutiles se han relacionado con funciones mentales, tales como la toma de decisiones).
Otro método es el implante de electrodos finos en la mano del paciente para medir la actividad muscular "subumbral" provocada cuando se le pide que se mueva.
Aunque quizás la alternativa más prometedora es la electroencefalografía (EEG), que detecta crepitaciones de la actividad eléctrica en el cerebro a través de electrodos adheridos al cuero cabelludo. Es económico, relativamente portátil y rápido, lo que significa que un equipo de investigación puede hacer hasta 200 preguntas en 30 minutos.
Pero el equipo de Schiff se muestra escéptico sobre si una metodología EEG funciona de verdad.
Hoy en día es normal pensar en la transición entre la vida y la muerte como una cuestión de "cómo está el cerebro" en lugar de "cómo está el corazón".
Un paciente en estado vegetativo persistente todavía tiene un tronco cerebral en funcionamiento y puede respirar sin ayuda. Es posible que posea cierto grado de conciencia y tenga una pequeña posibilidad de recuperarse.
Schiff cree que una combinación de dispositivos, fármacos y terapias celulares iluminará la penumbra entre lo consciente y lo inconsciente.
"No nos hemos acercado todavía", recalca. "Tendremos que hacer algunos estudios asombrosos a pequeña escala para demostrar lo que es posible en uno o dos aspectos antes de podamos hacer cosas simples que los puedan ayudar", dice Schiff.
Por el momento, ya se está marcando la diferencia, permitiendo que algunos pacientes puedan al menos decir a sus médicos si necesitan aliviar el dolor.
LOS RECUERDOS BUENOS PERMANECEN
¿Por qué recordamos bien algunas cosas mientras que otras se desvanecen? Investigadores sugieren que se debe a que los eventos positivos se quedan durante más tiempo en la memoria que los malos, algo que ayuda a la raza humana a mantenerse alegre y resistente.
Fue hace 80 años que se propuso por primera vez la idea de que los recuerdos malos se desvanecen más rápido.
En los años 30, los especialistas recogieron lo que quedaba en la memoria de las personas después de las vacaciones, categorizándolas en agradables y desagradables.
Semanas más tarde, los investigadores pidieron a los participantes que recordaran las vacaciones.
Casi el 60% olvidó las experiencias desagradables, mientras que sólo el 42% de las agradables habían desaparecido.
Esto es algo que muchos de nosotros puede sentirse afín, tras un descanso solemos acordarnos de los buenos días y de las personas que conocimos y olvidarnos de los retrasos en los vuelos u otros inconvenientes.
Más tarde se hicieron otros estudios rigorosos del llamado fenómeno Fading Affect Bias (FAB), que ocurre cuando la información de emociones consideradas como negativas se borra de la mente más rápido que la positiva.
En un trabajo hecho en los años 70, en vez de preguntarle a la gente que recuerden memorias aleatorias -pues las personas podrían preferir aquellas positivas- a los participantes se les pidió que llevaran un diario, registrando la intensidad emocional de esos recuerdos.
Pero debido a que el 80% de toda la investigación psicológica se hace con estudiantes estadounidenses, no quedaba claro si esta preferencia a mantener en la memoria los buenos recuerdos existiría en otras culturas.
Para ver si se trataba de un fenómeno universal, Timothy Ritchie, de la Universidad de Limerick, en Irlanda, decidió analizar los datos de las muestras recogidas por académicos de seis universidades en el mundo.
Estos investigadores tenían acceso a los participantes de muchos grupos étnicos angloparlantes, incluido los afroamericanos, ghaneses, alemanes, nativos estadounidenses y neozelandeses tanto de la descendencia europea como de la aborigen.
En total, se incluyeron unas 2.400 memorias autobiográficas de 562 personas de 10 países.
Si bien la metodología de recolección de eventos que se mantienen en la memoria varió en muchas formas, el denominador común fue preguntarle a los participantes que recordaran momentos positivos y negativos, incluyendo detalles como la hora y lugar, así como información sensorial.
Los datos de Nueva Zelanda y Ghana sólo incluían a hombres y mujeres menores de 30 años. Pero en otros estudios, como el alemán, había muestras de más edad.
A la mayoría se le preguntó sobre eventos aleatorios de sus vidas, tanto positivos como negativos.
Pero los investigadores de Alemania también le preguntaron a su muestra sobre la respuesta emocional a un evento relevante: la caída del muro de Berlín en 1989.
A aquellos que recordaron su respuesta emocional, se les pidió que lo volvieran a hacer en diferentes períodos de tiempo, y puntuaron cómo se sentían al respecto.
Esto es conocido como el efecto inicial y el efecto actual, la diferencia entre ellos fue medida.
Los investigadores pudieron determinar así el FAB ocurrido en cada estudio, independientemente de los antecedentes culturales de los participantes.
Los autores creen que este estudio demuestra cómo la desaparición rápida de memorias desagradables es un fenómeno que ocurre en todas las culturas y que ayuda a las personas a procesar la negatividad y a adaptarse a los cambios de lo que les rodea mientras retienen una actitud positiva ante la vida.
Un grupo de personas con grandes problemas para tener memoria positiva es aquel de las personas con depresión severa.
El doctor Tim Dalgleish, psicólogo clínico de la Universidad de Cambridge, intenta ayudar a las personas con depresión aguda a tener acceso a los recuerdos positivos.
La técnica que usa se conoce como el método de ubicación. Se trata de una técnica de miles de años que utiliza imágenes visuales que la persona imagina a lo largo de una ruta o en un lugar como el hogar.
Todos los participantes en el estudio de Dalgleish tenían depresión aguda. Debido a que les costaba tanto recuperar sus recuerdos, un investigador los ayudó a materializarlos, con detalles como la información sensorial de olores, colores y sonidos.
Una de las personas que participó en el trabajo, Emma Brinkley, tuvo muchas dificultades para acordarse de eventos positivos.
"Incluso ahora, cuando me encuentro baja de ánimo es difícil pensar en algo positivo para animarme.
Es casi como si tu mente se rehusara a permitirte buscar algo en tu conciencia", dijo.
Una vez decidido, las memorias se fijan a lo largo de una ruta como el viaje al trabajo o la universidad, o incluso dentro de su propia casa.
Para el doctor Dalgleish esta es una parte vital del proceso. "Vamos a decir que colocas 10 puntos en el camino -la puerta de entrada, el porche, la cocina y la sala si se trata de la casa- y entonces eliges los recuerdos que quieres poner en la maleta, el tipo de cosas en las que quieres pensar en momentos difíciles. Y creas una imagen memorable y una rara que vincule ese recuerdo con cada punto en la ruta".
"Puedes imaginarte la sala llena de arena, con el televisor encendido mostrando el mar, el sonido de las gaviotas y de las olas. Y el hecho de que el sonido estaba en la sala lo hace más extraño y fácil de recordar que si sólo recuerdas la arena de una playa".
Es el tipo de técnica que los campeones de pruebas de memoria utilizan con éxito para lograr las hazañas como recordar toda la secuencia de una baraja de cartas.
Los expertos descubrieron que al crear este mapa mental o "palacio de la memoria" mejoraba el recuerdo de los participantes, en comparación con otro grupo que utilizó otra técnica, como la de fraccionar los recuerdos en distintos conjuntos y ensayarlos.
También comprobaron que el método tiene efectos a largo plazo, vistos incluso una semana después en algunas personas cuando se les llamó para repetir las pruebas.
Emma Brinkley está sorprendida de cuánto duran esos recuerdos. "Hay días en que sencillamente me traslado a esa ruta familiar e intento pensar en algunas de esas memorias felices para subirme el ánimo".
"Algunos días me cuestan más que otros. Pero he descubierto que ha habido una verdadera y profunda subida de ánimo", agrega.
POR QUE LA MUSICA NOS HACE SENTIR BIEN?
Nadie sabe por qué la música tiene un efecto tan potente en nuestras emociones, pero gracias a estudios recientes ya contamos con algunas claves.
En 2001, los neurocientíficos Anne Blood y Robert Zatorre de la Universidad McGill en Montreal demostraron que las personas que escuchan música placentera activa regiones del cerebro llamadas límbicas y paralímbicas, que están conectadas a respuestas eufóricas, como las que experimentamos con el sexo, la buena comida o las drogas adictivas.
Estas respuestas proceden del impulso generado por el neurotransmisor conocido como dopamina.
Es fácil entender por qué el sexo y la comida generan esta respuesta de la dopamina que nos hace querer más, contribuyendo a nuestra supervivencia y propagación.
¿Pero por qué sucede también con los sonidos, que nada tienen que ver con nuestra supervivencia?
La verdad nadie la sabe. Sin embargo, ahora tenemos más claves de por qué la música produce intensas emociones.
La teoría favorita actualmente entre los científicos que estudian cómo nuestra mente procesa la música se remonta a 1956, cuando el filósofo y compositor Leonard Meyer sugirió que la emoción en la música tiene que ver con lo que esperamos y con si lo obtenemos o no.
Meyer elaboró unas teorías psicológicas de la emoción que proponían que éstas surgen cuando somos incapaces de satisfacer un deseo.
Esto, como pueden imaginar, genera enfado y frustración, pero cuando encontramos lo que queremos, ya sea amor o un cigarrillo, la recompensa es dulce.
Según Meyer esto es lo que hace la música. Establece patrones de sonido y regularidades que tratan de provocarnos predicciones inconscientes sobre lo que se viene.
Si hemos acertado el cerebro obtiene un premio, que es el flujo de dopamina.
El baile entre expectativas envuelve el cerebro con un manto de emociones placenteras.
¿Pero por qué nos deberían importar estas expectativas? No es que nuestra vida dependa de ello.
El musicólogo David Huron, de la Universidad Estatal de Ohio, en Estados Unidos, dice que quizás una vez sí que lo fue.
Hacer predicciones sobre nuestro entorno, interpretando lo que vemos y escuchamos en base a informaciones parciales, podría haber sido esencial para nuestra supervivencia, y a menudo todavía lo es, por ejemplo, cuando cruzamos una calle.
Involucrar a las emociones con este sistema de anticipación podría haber sido una buena idea.
Nuestros ancestros de la sabana africana no tenían el lujo de saber si un crujido fue producido por un león o un mono.
Empleando el "cerebro lógico" y tomando un atajo a los circuitos límbicos primitivos que controlan nuestras emociones, el proceso mental del sonido podría causar una reacción de adrenalina, que nos prepara para escapar.
Esta teoría de la anticipación suena prometedora pero es difícil de probar.
Una razón es que la música simplemente ofrece tantas oportunidades de crear y contradecir expectativas que no está claro cómo se debería medir o comparar.
Así que otra teoría apunta a que la emoción que produce la música tiene un vínculo cultural.
Para tener una expectativa sobre cómo será una música necesitas conocer las reglas, saber lo que es normal, y esto varía de una cultura a otra.
Y la música no sólo genera buenas vibraciones, también puede causar ansiedad, aburrimiento e incluso ira.
Compositores y músicos hacen equilibrios sobre una fina cuerda, tratando de adaptar las expectativas hasta el punto exacto.
La teoría de Meyer se vio reforzado por el estudio llevado a cabo por Zatorre y sus colegas, que demostró que la respuesta estimulada por la música depende de la comunicación entre "emoción" y "lógica" en el cerebro.
Pero nuestra respuesta a la música debe estar también condicionada por tantos otros factores: si la escuchamos solos o en grupo, o si asociamos una canción a una experiencia determinada.
Otras veces ni siquiera podemos reconocer qué emociones nos genera la música.
Podemos reconocer una canción triste sin sentirnos tristes. Incluso si nos sentimos tristes no es como una tristeza arrebatadora, y la música puede disfrutarse aun provocando lágrimas.
Algunas piezas de Bach pueden generar emociones intensas incluso cuando no podemos determinar qué clase de emociones son.
Así que nunca terminaremos de entender por qué la música estimula nuestras emociones, al menos hasta que no sepamos mejor cómo es nuestro mundo emocional.
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