A pesar de la poca existencia de rapaces, y de su paulatina disminución, no podemos negar que vemos con más facilidad a un águila que a cualquiera de sus presas. En este caso, es más fácil ver 100 Busardos ratoneros que un simple topo.De la misma manera, vemos a la rapaz pero no podemos ni imaginar los centenares de parásitos que recorren su emplumado cuerpo. Aunque podamos pensar lo contrario, no son casos aislados, siendo una de las “enfermedades” más comunes que padecen nuestras aves.
Como muestras, puede nombrarse, un artículo publicado en la revista de la Sociedad Española de Ornitología (SEO) de diciembre de 1996, en el que Jesús M. Pérez, Isidro Ruiz-Martínez y John E. Cooper muestrearon a 304 rapaces entre los años 1985 y 1992. Entre las 21 especies analizadas resultaron portadoras un 42% de ellas, variando el número de parásitos entre 1 y 324, con una media entre 30 y 44 piojos por portador.
Los parásitos son depredadores muy especializados, y aunque no causan la muerte del portador si que llegan a debilitarlo, ya que se alimentan de él. La poca interacción con otras aves hace que el equilibrio de ambas especies sea de continuo equilibrio, es decir, que los parásitos, al depender directamente del ave, tienen que evitar debilitarlo en exceso, ya que su muerte supondría también la suya.
Se puede decir que los parásitos pueden ser de dos tipos: Los externos, como los piojos o las garrapatas y los internos, que viven en el interior del organismo.
La pulga y el piojo
se quieren casar
pero no se casan
por falta de pan.
Estando en las bodas
bebiéndose el vino
llegó un gato negro
y se comió al padrino
Algunas rapaces, como el Quebrantahuesos, suele evitar su último nido utilizado como medida de desinfección y desparasitación. Es curioso el abandono que realizan cuando estos nidos son “robados” por los buitres, soliendo pasar muchos años antes de que vuelvan a ocuparlos, aunque el agujero no haya sido ocupado posteriormente.
Las garrapatas y piojos suelen acarrearle al ave mucho nerviosismo e intranquilidad, además de su debilitamiento cuando su cantidad es alta. David Goméz contaba que en uno de sus nidadas observadas llegó a observar una anómala actitud durante el periodo de incubación, en ella el adulto no paraba de moverse y cambiar de posición, moviendo en muchas ocasiones su cabeza de un lado a otro. Llegó a pensar en algún animal merodeando por las cercanías. La nidada fracasó y al acercarse al nido comprobó que el hueco del nido estaba lleno de pulgas (es de suponer que en gran parte traída en la lana que le servia de mullida cama).
El Galápago europeo es otra de las especies que están en claro peligro de extinción, considerado en la categoría de “Vulnerable” por el Catálogo de especies protegidas de Aragón, de igual forma también posee una gran importancia a nivel europeo como lo certifica el Convenio de Berna. Esta tortuga autóctona está siendo desplazada de sus lugares de cría por la de California, cuya densidad va aumentando de manera alarmante.











