domingo, 12 de junio de 2011

CUANDO LOS MAYORES SON PEORES


El niño de la foto se llama Gavin Chapman, tiene nueve años y le encanta visitar a su abuela, que vive en Lanarkshire (Reino Unido). Y probablemente los padres de Gavin pensaban que con la abuelita iba a estar seguro, lejos de los peligros de las grandes ciudades, jugando a sus anchas en el bosque cercano.
Por supuesto, se equivocaban.

Resulta que el chico salió a dar una vuelta y se apareció con ese artefacto que tiene entre sus manos: una bomba de la Segunda Guerra Mundial.

Evidentemente, abuelas eran las de antes. Porque Helen, que así se llama la (pedazo de anormal) abuela de Gavin, no se hizo mucho problema por el hallazgo, pese a darse cuenta de lo que era. Llamó a un hijo que vive con ella y el tipo (otro tarado mayúsculo) vio lo que tenía su sobrino entre manos y corrió....a buscar la cámara para sacar unas fotos (una de las cuales es la imagen de este post).

Pese a todo, juntando la media neurona de la abuela con la media neurona del tío, parece que los dos "adultos responsables" llegaron a la conclusión de que quizás la bomba fuese peligrosa. Entonces se les ocurrió enterrarla en el jardín de la casa. De modo que el tío tomó una pala y puso manos a la obra para hacer un pozo.

Es probable que alguno de los vecinos encontrase un poco inquietante la idea de ver a un adulto cavando y un niño sosteniendo una bomba a su lado, porque enseguida apareció la Policía.
Los uniformados llamaron al ejército, que procedió a evacuar a todo el mundo en un radio de doscientos metros y tardó unas dos horas en examinar y neutralizar el artefacto.

Cuando todo terminó, los policías hablaron con Gavin y le explicaron que, la próxima vez, es mejor dejar la bomba donde la encuentre y llamar de inmediato a la Policía.
Y por lo bajo le deben haber dicho que no confíe demasiado ni en la abuelita ni en el tío (un par de casos perdidos).

sábado, 11 de junio de 2011

Harriet Beecher Stowe


Harriet Beecher Stowe (1811-1896)

Escritora y abolicionista estadounidense, autora de La cabaña del Tío Tom (1850-1852), una severa denuncia de la esclavitud y una de las mejores novelas de la literatura estadounidense en su género.

Nació el 14 de junio de 1811 en Litchfield, Connecticut, hija del clérigo liberal Lyman Beecher. Se casó con el reverendo Calvin Ellis Stowe, un ferviente luchador contra la esclavitud. Su primer libro, El Mayflower o apuntes de escenas y personajes entre los descendientes de los peregrinos, apareció en 1843. Mientras vivía en Brunswick (Maine), escribió La cabaña del Tío Tom. La novela se publicó por entregas en un periódico abolicionista, el National Era, y en 1852 se editó como libro.

La historia por entregas no llamó especialmente la atención, pero el éxito del libro no tuvo precedentes. En sólo cinco años se vendieron 500.000 ejemplares en Estados Unidos y la novela se tradujo a más de veinte idiomas. Este libro contribuyó a la cristalización de los sentimientos militantes contra la esclavitud en el Norte y aceleró así el desencadenamiento de la Guerra Civil. La cabaña del Tío Tom, como la mayoría de las novelas de Stowe, posee una estructura irregular, pero está llena de sucesos dramáticos que atrapan poderosamente al lector. En 1853 publicó Claves a la cabaña del Tío Tom, donde incluye una abrumadora cantidad de pruebas documentales para justificar su ataque contra la esclavitud. Stowe volvió a la carga con Dred: Relato del gran pantano sombrío (1856). El galanteo del ministro (1859) es la más conocida de sus novelas románticas. También escribió relatos y poesía religiosa. Su reputación quedó gravemente dañada en Gran Bretaña tras publicar un artículo titulado La auténtica historia de la vida de Lord Byron, donde afirma que el poeta mantuvo relaciones incestuosas con su hermana.

jueves, 9 de junio de 2011

Si él puede...

DEL LEJANO OESTE...Y MÁS.


Maynard Dixon, nacido en Fresno (California, USA) en 1875, es uno de los artistas norteamericanos que más se interesó por la temática "del Oeste":  paisajes y cielos extensos, personajes indígenas y escenas de la vida rural.

Al parecer, todo comenzó cuando el buen Maynard (ya con definida vocación artística) realizó algunos viajes a Arizona y Nuevo México, que lo impactaron visualmente y emocionalmente. Esto le dio la idea de recorrer el oeste de su país a caballo, en excursiones que realizaba en compañía de amigos. Ya de vuelta en California, su trabajo se orientó primero a la ilustración de libros y revistas sobre la temática del Lejano Oeste, lo cual concordaba con sus gustos.

Conforme su producción crecía, iba forjando un estilo propio y único que volcaría en sus creaciones de mayor vuelo, las cuales son muy apreciadas hoy en día por galerías y coleccionistas de arte.
Veamos primero algunos motivos y paisajes tomados de la zona que tanto le agradaba:











Como verán, el señor Dixon lograba captar y transmitir en sus obras un cúmulo de sensaciones muy interesantes, desde la libertad hasta esa certeza de insignificancia frente a la Naturaleza, el Creador o lo que ustedes gusten.

La temática indígena fue explorada también por el artista, tanto en un plano realista como introduciendo elementos simbólicos.
Veamos algo de eso:







El hecho de que Maynard tuviese en mente una época que desaparecía a medida que era superada por el espíritu de progreso imperante, no quiere decir que fuese un artista cerrado a los tiempos que le tocaron vivir.
Cuando llegó el crack de Wall Street y la posterior Gran Depresión, el pintor realizó algunos de sus más interesantes y representativos trabajos de índole social.
Ese es el caso de "Destino desconocido":



"Esquirol":



Y el más logrado de todos, "El hombre olvidado":



Se trataba, sin dudas, de un artista con una marcada preferencia por un estilo de vida en particular (vivió brevemente en Nueva York, pero pronto regresó al oeste), lo cual no le impidió retratar crudamente la debacle social y económica de determinada época.

Sensibilidad de artista, que le dicen.

lunes, 6 de junio de 2011

UNITE AL LADO OSCURO, PIBA


Un matrimonio decidió cumplirle un sueño a sus hijos (Alex y Sariah), llevándolos a Disneylandia.
Y dentro de los espectáculos que hay en esa Meca del entretenimiento, no falta uno relativo a Star Wars, la memorable saga de ciencia-ficción.

Como parte del show, los niños son vestidos como jedis y se elige a alguno para que tenga oportunidad de "enfrentar" a Darth Vader. La idea es que el actor que personifica a Vader le pregunte al niño si quiere unirse al Lado Oscuro, ante lo cual el pibe contestaría que no y sacaría su sable de juguete, "pelearía" con Vader y le ganaría.  Un momento fabuloso para todo niño, ¿no?

Pues no.

Cuando le tocó a Sariah ser elegida para subir al escenario, la niña no hizo lo esperado, sino que tomó una decisión por sí misma:



Ríanse nomás de la nena, pero creo que fue más filosófica que la mayoría.
Viendo cómo anda el mundo...